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03 June

Cuento: Entregas 31-32

31

Lo primero que hice al llegar a Ljubljana, fue abrigarme. Porque a pesar de su relativa cercanía al mar Adriático, hacía un frió de justicia, rozando los 10 grados negativos en lo bueno del día, la una del medio día, y un viento que quitaba las ganas de salir del aeropuerto.

Mi primer día de trabajo, fue bastante agobiante, ya que era día dos de enero, y la gente tenía que llenar la nevera para comenzar el año. Cierto es, que en cualquier otra ciudad hubiese sido más estresante, pero en Ljubljana, gracias a que cuenta con un mercado de pequeños comerciantes, en la plaza del ayuntamiento, quita muchos problemas en las grandes superficies. Pero poco a poco, creo que acabara siendo como el resto de Europa, donde las grandes superficies comerciales van quitando clientes a los pequeños comerciantes.

Aunque bien sea dicho, lo de la plaza del ayuntamiento no dejaba de ser una gran superficie, con infinidad de productos alimenticios.

En el mes y medio que iba a estar de prueba, sería de lo más difícil, ya que se estaría trabajando con las dos monedas, Euro y SIT o Tolar, hasta verano.

Sí, parece de mentira, pero el Tolar era la moneda oficial de Eslovenia.

El lugar donde trabajaba estaba muy cerca de donde vivía, que era el noreste de la ciudad, en el barrio de Moste, un poco alejado del centro, pero al no ser muy grande no me importaba apenas.

Así, todos los días después del trabajo, los pasaba o corriendo con la bicicleta por las pistas nevadas que rodean la ciudad, o sentado en la plaza del poeta, mirando la estatua y el convento donde tenía alquilada la habitación Veronika, en el libro de Coelho.

Allá, uno de los primeros días, me pareció ver una cara conocida, la cara de la hermana de nuestro amigo, pero pronto supuse que sería por la cantidad de sensaciones bonitas que me pasaban por la cabeza, yo ahí sentado viendo al poeta, a los tres puentes juntos.

Ese mismo día, me quede más tiempo que el de costumbre, recuerdo que era sábado y no sabía por donde salir, también recuerdo que empezaba a bajar de los 12 grados bajo cero, cuando sube por las escalera una chica unos años más joven que yo, y me dedico una sonrisa que nunca podré olvidar.

Ella era como un ángel, con la piel más bien clara, casi del color de la leche, un pelo moreno y suelto por encima de los hombros. Su pelo era como trenzas, pero sin llegar a serlo, eran unos rizos muy pequeños, pero muchos.

Me empezó hablando en Esloveno, pero al ver que no entendía nada, comenzó a hablarme en un inglés casi perfecto.

Hola! ¿Qué haces aquí tan solo? Deberías irte a algun sitio donde no pases tanto frío.- Todo esto con un sonrisa que no dejaba a nadie triste.

-Muchas gracias, pero estoy pensando en el tiempo que he pasado sin tener esta sensación.- dije con cara de felicidad.

-Te invitaría a que pasases a tomar un café, pero las mojas no permiten visitas masculinas.- me dijo con su melosidad

Yo simplemente sonreí, e hice mención de levantarme, cuando ella siguió hablando.

-Si quieres venir a tomar un café conmigo y mis amigos, he quedado en 10 minutos en un café aquí cercano.

-Ok, - dije yo, asintiendo con la cabeza.

Dos minutos después ya estaba ella, en la calle, y comenzamos a hablar. Bueno, ella hablaba y yo escuchaba, en el bar, al coger el café, mis dedos comenzaron a tener vida otra vez. Y al llegar sus amigos y amigas yo tuve que empezar a hablar, y a contestar sus preguntas, y decir las tres palabras que podía decir en esa mezcla de lengua balcánica con un poco de italiano.

32

Fue una noche un poco mágica, donde no pude separar mis ojos de su cara, de su sonrisa, que acabo con su teléfono en mi frente, después de que ella me besase en la ella dándome las buenas noches en su idioma materno, que no paterno.

Su padre no era esloveno, pero yo no sabía realmente de donde era. No lo dijo, o si lo dijo fue en esloveno u otro idioma. Ya que en la mesa en la que estábamos, había 2 eslovenas y un esloveno, una chino-eslovena, un italiano de Trieste, un croata, una austriaca y yo, y se hablaban unos cuantos idiomas.

Al llegar a mi pequeña habitación alquilada, me mire en el espejo y vi su número de teléfono. Me costo un poco descifrarlo, pero lo conseguí. Ahora parecía que las cosas me empezaban a ir bien, todo era de color azul, excepto el cielo de Ljubljana que era de un color gris claro, casi blanco, con unas temperaturas de quitar el hipo.

La hermana de mi amigo comenzaba a desaparecer de mi cabeza, para entrar otra persona. Y como solía pasar en mi vida, este amor sería casi imposible.

Al día siguiente la llame y la contestación me hundió en lo más solitario de mis pensamientos, ya que me dijo que no podía que había quedado con su novio. Luego pasaron dos días eternos en los que no pisaba prácticamente la calle, nada más que para ir a trabajar. No tuve contacto con el mundo exterior.

Entonces fue cuando ella me llamo, y me dijo que si podíamos quedar como amigos. Me sonó un poco raro, pero cuando quedamos me quedo un poco más claro, ya que como me explicó, a veces resulta más fácil explicar las cosas a un pseudo desconocido. Hablamos largo y tendido.

Paso no mucho tiempo, nos hicimos muy buenos amigos, y también de sus propios amigos, no se hasta que día vi que la amistad que sentía por ella se había convertido en amor, y sentía que este era un poco reciproco.

Creo que el día ese fue un día a principios de febrero, después de haber pasado un día en la nieve, un día muy frió y largo. Pero al día siguiente, decidí salir a correr por el parque Tivoli, ya que con las pistas de los montes y las carreteras llenas de nieve, el irme con la bicicleta era casi imposible, y sin saldo en el móvil pase por casa de ella, la danesa-eslovena, para invitarla a comer una sopa caliente, a la que ella acepto.

Como era costumbre en ella, llego con puntualidad inglesa, un poco antes de que la comida estuviese lista. Pero casi mejor, así se podría comer caliente. Hablamos poco, ya bien porque estábamos hambrientos, o porque estábamos cansados. La cosa fue que hablamos de ese tiempo que era francamente malo, de nuestras familias, pero no de nosotros.

Después de comer, el sueño nos invadió, y nos tumbamos en la cama de mi cuarto. Los dos al cruzado, sin tocarnos, yo mirando al techo y ella a la ventada que no cerraba bien. Hacía frío. Al poco tiempo nos tumbamos a lo largo, y nos tapamos.

La cama no era muy grande, 90 cm, pero sobraba espacio. Sólo nos cogimos de las manos y permanecimos hay juntos, mirándonos, con los ojos cerrados un tiempo, que para mi fue uno de los más bonitos de mi vida, serían 30 minutos. No paso nada. Nos dimos besos sin tocarnos.

28 November

Cuento: Entrega21-30

21

        Pero no lo hice, no pude. Siempre me pasa lo mismo, y nunca me lanzo a la piscina. Y creo que todavía tengo ese sobre en el bolsillo de la chaqueta de cuadros, muy vieja y deshilachada que había heredado de mi abuelo.

            El tiempo pasa inexorablemente a nuestros sentimientos, y a nuestros hechos.

        Se terminaba la primavera, los días se alargaban, y un día ventoso nuestro amigo se despertó...

        Su reacción, fue de sorpresa, y se llevo las manos ha la cabeza, supongo que seria por el golpetazo que se dio, y ser lo ultimo que recordaba.

        Paso mucho tiempo dentro del hospital, una vez despierto, dado que tenían que volverle a enseñar andar y tener fuerza en el tren superior. Mientras tanto, nosotros, sus amigos, teníamos que volverle a mostrar la vida, tal y como era, por amarga que fuera, volverle a mostrar lo importante que es para nuestra vida, recordarle como se escribe, y los más importante enseñarle, objetivamente, a ser él mismo.

        En un principio eras una docena y media de personas, al poco tiempo, dos semanas aproximadamente, sólo quedábamos 5  ó 6 personas (todos los días su padre y su madre, su hermana, otro amigo y yo, y unos tres días a la semana venía ella, “la amada”) a la camarera la vi por última vez, el día después de que despertase. No volvió por el hospital, ni yo volví por aquel bar.

        Bueno, realmente si que volví a pasar por el bar, pero había pasado un tiempo respecto a la historia que nos lleva, y no llegue a entrar.

        Siguieron pasando los días, a el otro chico se le acabaron las vacaciones y ya solo venía los fines de semana. Estaba llegando el mes de julio, y la hostelería llamaba a la puerta. Para mí el hospital era mi segunda casa, después del trabajo. Rompía mi agónica monotonía e inundaba mis tarde-noches de agradables conversaciones con los que ya podía considerar mi familia. Ellos me consideraban su hijo, y yo mis padres en esta ciudad extraña. Y luego estaba ella, la más bonita flor del jardín, la hermana de mi amigo, la única persona que me tocaba el corazón al decirme Hola, ella que me decía tato cuando yo le quería decir amor.

        Pero ya lo mismo me daba, había aprendido a convivir con ella tal y como estábamos, algo que no querría cambiar por nada. Ellos tres vivían en la casa de mi amigo.

        La vida de “la amada” estaba cambiando, quería asentar la cabeza, se había mudado a un piso más céntrico y pequeño, dejando a un lado la autopista, y escribía para un periódico local, que le daba para vivir relativamente bien.

        Yo seguía trabajando en la misma pequeña oficina, sin más consuelo que el esperar a ver a “mi familia” al hospital.

Aunque todo se acaba, y al mismo tiempo que se acabó el mes de agosto, se acabo la terrible condena de mi amigo y le dieron el alta.

A mí me llegaron las vacaciones, y con la ciudad desierta, mi amigo que no quería ni podía salir de casa, decidí pasar mis 15 días en los parques, museos y bibliotecas de la ciudad, como un turista más, como un extraño más.

Estuvieron bien esas vacaciones introvertidas, en las que solo hablaba conmigo mismo, a excepción de los 2 viernes, que ya como costumbre nos reuníamos, antes en el hospital, ahora en casa de mi amigo ( “la amada”, el amigo hostelero, su novia y el hermano de esta, nuestro amigo, su hermana y yo).

El último domingo de mis vacaciones, la madre de mi amigo me invito a comer con ellos cuatro.

Menuda comilona, canelones y pollo asado con patatas.

Esa noche casi no había dormido, me rondaba una idea por la cabeza, y la iba a llevar a cabo.

Después de comer, nos quedamos los tres de tertulia, y aprovechando que sus padres se había ido a dormir la siesta, les conté mi idea.

Nuestro amigo no tardo en contestarme afirmativamente, y su hermana hizo lo mismo al oír la contestación de su hermano.

La idea era en irnos a un lugar lejano, coger el mapa y señalar un lugar al azar, y que este decidiese por nosotros.

Solo tenía que esperar a decírselo a mis jefes al día siguiente.

22

Y así lo hicimos, el lunes ellos a sus padres y yo a mis jefes, y una llamada a mis padres, para decirles que me iba a mudar otra vez, pero ahora lejos de aquí.

La noche se hizo eterna, el despertador nunca llegaba a la hora del despertar, para ir a trabajar. Y justo en el momento en que me comenzaba a dormir, sonó el teléfono.

-¿Quién es?- pregunté

-Yo- respondió mi amigo, nuestro amigo.

-¿Qué quieres?- seguí preguntando.

-He soñado con nuestro destino, y te lo tenía que decir. Es una ciudad hermosa, diferente, esta en pleno cambio(por lo que habrá trabajo), dicen que nunca duerme, lo malo es el idioma-.

-Ya se que ciudad es!!-Exclamé

-¿Y qué te parece?-

-No se, yo había pensado en Londres, pero....

-Un poco cara,¿no?- dijo, interrumpiéndome- aunque podemos ir a cualquier otra ciudad Inglesa, me han hablado muy bien de King Linn, esta ...

-Bueno, que en una hora me tengo que despertar para ir a trabajar, nos vemos esta noche- dije, despidiéndome.

       

Sonó el despertador, me desperté como si me hubiese dormido y no tuviese tiempo para nada. Tenía que llegar pronto a trabajar para poder hablar con mi jefe, ese que siempre me tenía renegado a actividades secundarías, siendo que cuando había que dar la talla yo la había dado y con creces.

Ahora era yo quien tenía que actuar, decirle mi intención y vivir con mi jefe pegado a mi, esperando a que las 3 semanas de trabajo se consumieran.

Hable con él, pareció no molestarle, y me mando a trabajar. Nunca más le hable, nunca antes le había hablado (pero él a mi sí). Ahora era el turno de esperar a que se hiciese la hora H para ir a ver a mis amigos.

No quedamos en su casa, ya que todavía no sabía la reacción de sus padres, ni de si ella tendría a alguien en el pueblo esperándola, desde que se marchó a cuidar a su hermano. El lugar al que fuimos me encantó, nunca había estado en un lugar así, era como volver al pasado, pero un pasado cercano. Era como volver allá donde todo el mundo quiere volver, el nombre “La bruja avería” en las paredes Naranjito, los fragel-rock, Mazinger-Z, ... en las pantallas pequeñas de televisión el juego Asteroids de ATARI.

Una vez allí....hablemos del destino, y surgieron lugares muy dispares, pero siempre originales y muy especiales.

-Nueva Zelanda

-Sydney

-Nueva York

-Amsterdan

-Berlín

-Londres

-King Linn

Fue una lluvia de ideas diciendo la ciudad y luego motivos por los que se criticaba la anterior y por último por los que se elegía.

Yo dije la primera y la última:

-King Linn, a Londres no porque es muy cara, esta bien pero es muy cara, y puestos a irnos a Inglaterra nos vamos a un lugar con más encanto, tranquilo, barato, a dos horas al norte de Londres y una hora de la playa, aunque si queremos playa nos vamos a la costa sur de Inglaterra.

Ellos dijeron que el primer destino estaba bien, y si pues cambiábamos y ¡Ya está!.

De ahí, nos fuimos a mi casa, y nos sacamos los billetes. Ya estaba hecho, no había vuelta atrás. En estas mi amigo tuvo que irse a revisión al hospital, y su hermana se quedo conmigo.

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Estuvimos allí los dos, hablando de nuestras vidas. Bueno hablo ella, ya que yo pronto acabé he hice lo que más me gusta, el mero hecho de escuchar.

Y claro que escuché, lo mucho que quería a su novio, que se volvía esas tres semanas al pueblo para estar con él, lo mucho que se acordaba de él y las veces que él vendría a donde ella estuviese.

Entonces cambiaron los papeles y yo le pregunte por qué se venía, que no tuviese miedo por su hermano, que yo le cuidaría, si tanto le quería ¿para qué dejarlo escapar?¿acaso quería acabar como su hermano, desdichado por unas malditas cartas?

Ella sólo calló. Y el nudo a mi volvió. Porque ella es quien habla y yo quien escucha, a veces escribe, y casi nunca actua.

¿Os he hablado de su hermana? No he dicho como es, pero es que es muy difícil de explicar algo así. Algo tan bello y hermoso, tan sabio y encantador, tan encantador que te encanta y atrapa. Su pelo es liso claro y no muy largo, su cara de muñeca de porcelana un poco tostada por el sol, con esas orejas pequeñas, que junto con esa perfecta nariz sujetan, a veces, unas gafas, las cuales no cambiarían nunca su posición justo enfrente de esos ojos como solo hay dos, el derecho y el izquierdo, su boquita de piñón y su cuerpo perfecto. Pero sobre todo sus ojos, unos ojos que al mirarlos puedes ver su inmensidad, su belleza, incluso su personalidad. Con ella se habla de cosas banales, de fundamentales, nos reímos cuando hablamos de cómo cambiar el mundo, nos reímos de mi, me enamoro de su sonrisa, coronada por sus ojos. Y me vuelvo a callar, mi garganta no deja a mi lengua moverse, y solo puedo escuchar, algo que se hacer muy bien.

Supongo que creerá que soy un poco tonto, que hablo poco, y cuando lo hago me confundo al hablar.

24: Un Adiós

Pero dejémonos de ella, ya que ahora estoy con ella (aunque no este conmigo). Serían los días más largos y tristes que recordaba desde hacia meses. Largos porque no hacia mas que pensar en el que ocurrirá en mi nueva vida, deshojaba el calendario poco a poco, hoja a hoja, hasta que llego el día D. Y tristes porque estaba solo, no tenía a nadie, y nadie quería estar conmigo. Pero llego aquel día, y llame a mi amigo y me contesto secamente que el no venía, que había hablado con su amada, y había llegado a la conclusión que no tenía que cambiar de vida tan drásticamente, y lo iba a hacer de otra manera, a su manera. El cambio era el irse con su amada de una vez, intentar que esa relación, en la que puso toda su esperanza en un pasado, ahora pudiese llegar a ser eso, una relación.

Así pues, me vi solo, él no venía y su hermana se había ido al pueblo con su novio, ¿para despedirse? Y yo en el aeropuerto, esperando un pequeño avión de bajo coste, con toda mi vida en una maleta y mi mochila. Justo en ese momento, en mi MP3 sonaba “Se equivocaron contigo” de Quique González, y un dedo tocó mi hombro, era ella. Estaba claro que vendría, ya que sino no lo estaría contando. Mi corazón y mi cuerpo giraron sobre si mismos y de mis labios salieron unas palabras de asombro ¡Viniste! Ella sonrió y no dijo nada más.

Cuando nos sentamos en el avión ella me dijo algo que a la vez que me gusto me dejo helado –vaya aventura que nos espera AMIGO. Entonces ya no sabía el que pensar, había dejado a su novio para venir conmigo pero a la vez me llamaba amigo, no dijo mi nombre. Y luego proseguimos hablando de nuestro único nexo de unión, que era su hermano. De el por qué no había querido venir, de cómo seguía queriendo estar con la mujer que le había destrozado la vida. Pero por otro lado eso era meritorio, ya que era una persona que siempre había luchado, contra viento y marea por un amor imposible, que ahora él había conseguido hacerlo realidad.

Entonces ella me dijo las razones por las que había decidido irse, la primera era porque lo había dicho, tanto a su hermano como a mí. Y luego me dijo dos que había sido consecuencia al hablar con su hermano el día antes del vuelo. Estas razones fueron el probar a su novio y el amor que tenía por ella, y la siguiente el no dejarme solo, ya que yo abandonaba lo poco que tenía, y me quedaría muy solo. Y ella continuo diciendo –la soledad es buena de vez en cuando, y en su justa medida, no es bueno abusar de ella, ni usarla cuando hay mucha gente, ya que esa es la más triste condena de la sociedad, estar con gente y sentirse solo. Así pues, nos tendremos el uno al otro.

 

25: Un nuevo comienzo

            Y así comenzó siendo, éramos como dos extraños que habían decidido a forzar sus vidas para juntarlas, pero a mi me gustaba, y ella no parecía muy disgustada, tampoco. Había un problema, bueno varios, pero uno relacionado con lo que a nosotros nos interesa, y ese era la comunicación. Si parecerá un poco extraño que en un país extraño, lleno de gente extraña, sea la comunicación entre los compatriotas el problema, pues si, ya que estando ella delante, yo era incapaz de llevar una conversación con un ritmo constante.

        Pero todo tiene su explicación, aunque no se la pueda dar a ella. Esta explicación es la inmensidad de su mar, ese mar azul que tienen sus ojos, que cuando la miro ya no se hablar, y cuando hablo ya no se mirarla.

        Así pues, creo que fui perdiendo su atracción y cuando la perdía, más me volvía a acercar, para volver al mismo sitio donde habíamos partido.

        Luego estaba la ciudad, gris, triste, solitaria, pero a la vez tenía algo que no dejaba indiferente, y siempre era positivo, dejaba pensar en uno mismo. No tenía mar, pero este no estaba lejos. La bordeaban unos magníficos bosques donde pasábamos los primeros fines de semana en Inglaterra. Hay era en uno de los pocos sitios donde no tenía problemas al hablar con ella, al igual que cuando íbamos a los bares de copas. No se por qué sería, supongo que por que no pensaba que estaba con ella.

        El trabajo, relativamente bueno, comencé trabajando en unos grandes almacenes, ordenando los stocks, descargando camiones (eso entre semana), este trabajo no era nada malo ya que a las dos de la tarde ya daba por finalizada mi jornada laboral y los sábados por la mañana trabajaba en un taller de bicicletas que estaba en los bajos de nuestra casa. Dicho taller de bicicletas era de un emigrante hondureño del cual no recuerdo su nombre, pero que todo el mundo llamaba Pepe. Este buen hombre también era quien nos tenía alquilado es pequeño piso, por llamarlo de alguna manera. Ese piso tendría unos 40metros cuadrados, divididos en dos cuartos, un pequeño baño con ducha y una cocina comedor separado por una pequeña barra, como si de un bar se tratase.

        El trabajo de ella le costo más conseguirlo, y estuvo casi un mes buscando trabajo puerta por puerta, como quien dice, y yendo al Jobcenter en busca de trabajo, hasta que un día encontró trabajo. Era en el centro de la ciudad, en uno de esos sitios donde piensas que nunca cogerían a un extranjero, en un restaurante español. Ahí sacaba más dinero de lo que sacaba yo con los otros dos trabajos. Pero no nos podíamos quejar, vivíamos bien, con algún lujo que otro, algún viaje que otro a Londres y algún otro a Edimburgo, pero siempre viviendo en el apartamento de Pepe.

En estos viajes siempre intentaba acercarme a ella, pero mi forma de ser sólo conseguía que ella confiase más en mi, y así más amigo me hacía. Sus conversaciones pronto cambiaron del monotema del novio que había dejado en España, a “mira que compañero de trabajo más mono que tengo”. Yo, en cambio, no tenía compañeras de trabajo. Lo más cercano eran las jovencitas que venían al taller de Pepe para arreglar algún pinchazo que otro, o cambiar la dichosa sierga del freno trasero.

        Poco a poco, paseo a paseo, viaje a viaje, fui escuchándola más, fui conociéndola mejor, ya que como he dicho antes, no podía mantener una conversación con ella, ya que mi garganta cada vez tenía más ganas de decir esas dos palabras tan difíciles de decir, y que ella no quería oír.

El tiempo siguió pasando, hasta que llego el día en que, después de llorar mucho en mi hombro, me dijo que lo había dejado con su novio. Yo no supe como reaccionar, además sabía que al día siguiente hablaríamos largo y tendido, en el que posiblemente fuese el ultimo fin de semana con buen tiempo, como para pasarlo en los bosque paseando, hasta que llegase la primavera.

Y allá nos fuimos a pasar el domingo, ella, yo y mi mochila con clinex. Antes de llegar ya se había puesto a hablar. Que si esto, que si lo otro, que si lo de más allá. Entonces pronunció la palabra mágica “novio” y continuo dando razones banales como la distancia, el tiempo, lo nuevo y ... - ¿y qué más? – pensé yo. Ya que si vino a aquí, todo eso ya lo sabía. Luego continuó, creo yo que fue al ver mi cara en la que se reflejó mi pensamiento, y dijo que además había conocido a alguien ... siempre hay alguien, y seguramente yo no sería, entonces ¿para que había querido cambiar su vida a mi lado, y sin mi? Eran cosas que se escapaban a mi inteligencia, no por esta ser corta, sino porque nunca he llegado a comprender como actúan la mayor parte de las mujeres, pesé a que me pasé la vida escuchándolas, observándolas para entenderlas mejor, o simplemente entenderlas. Y luego vino la gran frase donde me rompió totalmente los esquemas.

-¿Qué opinarías si nos mudamos a Londres? – me pregunto ella.

-aquí estamos bien, un poco aburridos con la llegada del frio, pero con curro

-¿y si allá tenemos trabajo?
        -pero aquí nos tenemos a nosotros – dije entre sonrisas

 

De lo que yo me acordaba, era que ella siempre controla la situación, así que continuó diciéndome

-Me han ofrecido curro en Londres, de la misma cadena donde trabajo, a mi “encargado” lo trasladan, y si quieres tú también puedes venir, el fue quien me lo dijo- rió y continuó – creo que piensa que eres mi hermano

 

¿Cómo puede ser tan tonto?, que una sonrisa que no pertenece me haga cambiar el rumbo. Supongo que sería porque yo aún no sabía a ciencia cierta si estaba con alguien, lo único que sabía era que ella me sonreía, me mira con esos ojitos azules en los que cualquiera se puede perder, y me había pedido que me fuese a vivir con ella a otro lugar. -¿Por qué no? -Me dije, -ya tendré todo hecho.

26

Como se esperaba de mi, me supere en lo absurdo de algunas circunstancias y la seguí. Aún no se muy bien porque, el único hecho es que la seguí, y una vez en Londres le dije que yo me iba a otro lado, que Londres podía conmigo, era demasiado grande, demasiado cara, no tenía trabajo, y no quería ser mantenido.

Ella consiguió convencerme a que probase suerte durante un mes, y así lo hice.

Poco a poco, día a día ella se fue alejando poco a poco de mi, y yo de ella, pero eso si los paseos dominicales los seguíamos teniendo. Por lo menos durante el primer mes que ella me había dado para aclimatarme a la ciudad. Cuando acabo el mes, ya tenía un trabajo, era jardinero en el norte de la City londinense, por la zona de Regents park. Donde los domingos paseaba y cuando podía corría, para así pensar.

En ese mismo tiempo yo también me fui alejando de ella, de su sombra y su recuerdo, de sus ojos azules y su pelo rubio, de los buenos recuerdos y de los malos momentos. Así, poco a poco, me hice con mi propia vida, una vida hecha de cero, sin un objetivo, pero olvidando, por fin, a quien tanto quise y tampoco me dio.

El tiempo fue pasando, las hojas de los árboles comenzaron a brotar. Yo seguía una estricta rutina, marcada por el horario de jardinero. En ese tiempo fue cuando comencé a tener amigos además de los compañeros de trabajo, era gente con la que llevaba ya unos meses, corriendo todos los martes gracias al Nike Town. Me  encontraba bien entre ellos, y sobre todo entre ellos sobre salía la flaca (como así llamaban a una de mis compañeras de carreras uno de los compañeros de piso).

Hablando de mi compañero de piso, era un chico de Burdeos, que se le daba una aire a Tony Montana (Al Pacino, en Scarface) y estudiaba International Business o algo así, en el centro de Londres. Un tío legal, súper majo, no se diferente a los que había conocido hasta ese momento. Y el otro era un coreano, que no salía de su cuarto, más que para trabajar.

Con mi amigo francés salía de bastante de fiesta, ya que yo era español y él era erasmus, y parecido a Tony Montana, por lo que nos respetaban allá donde íbamos. Lo malo era que yo no podía salir mucho, nada más que los fines de semana, ya que tenía que trabajar, pero eso si cada vez que salía volvía en el autobús normal (no en el nocturno) y con una borrachera que no me la merecía.

Todo eso pronto cambio, y consigue entrar a trabajar en pleno Oxford Circus, o más exactamente en Nike town. Eso lo conseguí gracias a 4meses todos los martes yendo al mismo sitio, con la misma gente, hablando y quedando con alguno de los monitores que llevaban grupo para correr, y al final uno de ellos me dijo que había una vacante que si la quería sería mía ... y lo fue.

Respecto a la hermana de nuestro amigo, el tiempo fue haciendo su trabajo. Bueno, eso y que borre su teléfono y no tenía tiempo para pensar en ella, y en una ciudad ten grande iba a ser muy difícil que me cruzase con ella por la calle.

Así pues, un día, como el que no quiere la cosa, me junte con su hermano en una estación de nuestra ciudad, qué alegría que me di, hablamos de nuestras vidas y de nuestro devenir después del affaire por el que él no se vino a U.K. Él me dijo que era muy feliz, que había hecho muy bien quedándose allí, y que esperaba un hijo. Luego me pregunto por su hermana, y le dije que llevaba como cosa de 10 u 11 meses sin saber nada de ella, me dijo que era normal, que las últimas noticias que tenía era que poco después de que yo hubiese encontrado mi propio trabajo y alojamiento, ella tuvo problemas con su supervisor y decidió largarse lejos, a algún país del este, o a uno de esos que hasta hace 12 años no existían, no dijo donde, sólo dijo que se iba.

Luego seguimos hablando de nosotros como si lo que hubiese dicho no me hubiese importado, pero realmente volvió a avivar el sentimiento que ella había hecho crecer en mi.

27: Sobre ella

Maldita visita a España. Por un lado me entero que el amor de mi vida se ha ido a “vete tú a saber donde” y una vez allí tengo que representar que me da igual, hacer parecer que no me incumbe que ella no es nada en mi vida. Pero esa no es la verdad, yo llevo en el cuerpo un motor que nunca deja de girar, y mi cabeza sólo me hace pensar.

Luego esta la visión, no se si real o imaginaria, de ella, la hermana de nuestro amigo. A quien vi salir del portal donde vivía, desde mi ventana. Lo que me causo un palpitar en el corazón. En mi cara se reflejo una mejora y nuestro amigo, que estaba conmigo en ese momento, me dijo que si estaba enamorado, que esa cara reflejaba infinita felicidad, yo lo negué, algo que los dos sabíamos que no era verdad.

El problema fue cuando la seguí con la vista hasta que llego a la parada de autobús, allí había un hombre, bastante más alto que ella, y aquí empecé a pensar y pensar sobre ella y lo que ella conllevaba.

Él la estaría esperando en la parada, debían de haber venido juntos de ese país sin nombre, y el salió un poco antes de casa porque ella se estaría despidiendo de su madre. Pero luego mi mente se adelanto a mis propios pensamientos y se empezó a retorcerse, diciéndome que nuestro amigo me estaba engañando, que no era verdad que se hubiese ido, que él no me quería hacer daño ya que su hermana estaba con otro, y él sabía que estaba completamente enamorado de su hermana.

Y allá estábamos los dos, yo mirando por la venta, ahora estupefacto, ya sin la cara de felicidad, sino con la cara que refleja Manu Chao en una canción, INFINITA TRISTEZA, y mi amigo sentado en la cama hablándome de algo que me sonaba a chino, ya que mi cabeza estaba intentando llegar a esa parada de autobús, donde parecía que ellos se besaban, él la levantaba en el aire y ella le pegaba de manera muy cariñosa.

Mi amigo no se levanto de la cama en ningún momento, y eso que estuve 5 minutos mirando por la ventana, hasta que al final desaparecieron dentro de ese autobús. Y mi cabeza siguió pensando, ¿por qué no se levanta?¿será porque sabe lo que he visto?¿me lo ira a decir ahora o lo podrá mantener en el secreto?¿Habría decidido él crear esa historia para mí, o por el contrario habría sido ella para intentar no hacerme mal?

Creo que cayo alguna lagrima de mi ojo, pero no lo recuerdo con seguridad, y si ocurrió, mi amigo no me dijo nada. Solo me dijo que saliésemos a dar una vuelta por la ciudad, que mañana me volvía a ir para las Inglaterras.

Así que salimos de farra, nosotros dos, un amigo de la infancia y la amada, éramos 4. Hacia mucho tiempo que no veía a la amada de mi amigo, estuve casi toda noche hablando con ella de mi vida, pero solo de las cosas más banales de mi vida, seguí sin abrir mi corazón, aunque de la forma en que le hablaba, todo el mundo pensaba que le estaría contando todas mis interioridades que me habían ocurrido en este tiempo.

Fue pasando la noche, y las cervezas y cubatas fueron bajando y quemando mi esófago, y dañando mi estómago, y subiendo a mi cabeza. Hacía muchas noches que no me lo pasaba tan bien, y conseguí olvidarme completamente de ella. Lo malo (o bueno) fue que también conseguí otra cosa, dormí en un piso de estudiantes, de esos que había dejado de visitar, en España, hace 5 años, por la culpa de una chica que ni siquiera sabía su nombre, y creo que ella tampoco el mío. Son las cosas de la noche, y tienen que quedar en la noche. Nunca pensé saber nada más de ella, ya que cuando me desperté no había nadie en el cuarto, no había nadie en el piso, el sol me pegaba en la cara, y mi reloj marcaba las 14:18, un armario abierto con ropa y algún libro, un diccionario Español-Italiano en la mesilla, en los pies de la cama una camiseta roja de Emily y de fondo ... nada, ni la ducha ni la tele. No había nadie en el piso, estaba solo.

Me vestí lo más rápido posible baje a la calle y pedí un taxi hasta mi casa, le dije que esperase ahí. Cogí mi maleta baje corriendo y dirección aeropuerto. Mientras tanto llame a mi amigo, lo cogió su amada, me preguntó por la noche y conteste mucho alcohol, y continué diciendo que solo les había llamado para despedirme que iba a perder el avión, dos besos y colgué. Estaba llegando ya al aeropuerto, y a la entrada, retenciones. Le dije al taxista que seguía corriendo, pero ni aun así conseguí llegar a tiempo. Llegué solo unos 5 minutos antes del despegue del avión.

 28: Con Ella

Volví llamar a nuestro amigo para reírme con él de mis bonitas últimas horas en España durante un largo tiempo, él me pregunto que qué tal la noche y yo que suponía que bien aunque no lo recordaba, mucho alcohol. En ese momento un mensaje en mi teléfono ingles, era de alguien que no tenía memorizado, lo leí, era en inglés y era de un móvil español. Al leerlo comencé a atar cabos y le dije a mi amigo que en 10 minutos lo llamaba.

Así que rece a algún dios para implorarle suerte y entre en una compañía para ver si había billetes para Londres para hoy. Y si, solo en 3 horas volverían a abrir facturación, lo único que me costo 10 veces más, pero al día siguiente debía de trabajar.

Ya tenía el billete, y ya sabía lo de la noche.

Esa chica sin nombre ya lo tenía, había estado con ella alguna vez que otra, el primer semestre fue compañera de clase de mi compañero de piso, el mensaje fue desde el teléfono de su amiga, me dijo que no había pasado nada, que me llevaron a su casa porque estaba muy mal para ir solo a casa.

Volví a llamar a nuestro amigo, nos reímos mucho de mis historias, él pensaba que habría pasado algo más porque nos fuimos muy abrazados, pero era porque yo no podía andar verticalmente, y ellas pensaron que había ido solo, sin mis amigos. Nos seguimos riendo, me dijo que ahora no me durmiese esperando el avión.

Así que me senté en mi maleta, enfrente del mostrador de la compañía y allí me dormí.

Me desperté sobresaltado por el sonido de una voz conocida, no había dormido ni 30 minutos, y allí estaba ella, justo enfrente de mi, y me comenzó a hablar de banalidades, de lo bien que le iba la vida, de lo divino y de lo humano. Me comenzó a decir que lo sentía por la manera en que se había largado, que dentro de ella algo perduraba, pero no podía ser.

También me dijo que quería volver a verme, como una amiga más, pero tendría que esperar hasta verano para que su “compañero” la pudiese acompañar. Y yo con una cara de pánfilo, que no podía con ella, asentía y sonreía. Lo malo es que el dolor, como siempre lo llevaba por dentro. Pero eso ya os lo he contado alguna vez, pero esta vez dije: hubiese preferido no verte ya que como dice Quique González Peor que el olvido, fue frenar las ganas, de verte otra vez. Peor que el olvido, fue volverte a ver”.

Entonces llamaron por megafonía a nuestro vuelo, me levanté le di dos besos y desaparecí por el largo pasillo que llevaba al avión, mientras que ella se quedaba esperando a algo o a alguien.

Estaba otra vez muy mal, anímicamente, pero ya lo tenía superado, cuando llegase, mi compañero de piso me sacaría a dar una vuelta, sin que yo pudiese negarme, me emborracharía (solo un poco porque al día siguiente debía ir a trabajar) , él me presentaría a alguna amiga con la que flirtearía hasta que ella dijese que estaba cansada y se fuese a casa sola.

Mis pensamientos solo fallaron en un detalle. No fue mi compañero de piso quien me saco a pasear, sino una amiga suya que lo había estado cuidando estos 4 días que llevaba sin salir de la cama.

Fue con ella con quien salí, bailé, flirteé y acaricié, y fue ella quien me dijo que se iba a casa, que estaba cansada. Yéndose sola a casa.

No me importó, al día siguiente tenía que ir a trabajar, y había sido una buena velada y me dijo unos grupos nuevos de Indie-rock buenos, ya que habíamos estado en un garito diferente a los que solía frecuentar con mi compañero, sin extranjeros y música rock ... vamos ¡¡Cojonudo era ese garito!!

Cuando estaba llegando a casa con el Night Bus, mi teléfono comenzó a sonar, era la amada de nuestro amigo, que estaba muy agobiada y tenía que cambiar su vida, al menos por unos días, y por no buscar nada para vivir. Le dije que no habría problema, colgué y llame a nuestro amigo, él estaba durmiendo en casa de ella, hablamos, me contó y le escuché.

Él estaba cansado de esperar, de que ella viviese allá lejos, cerca de la autopista, así que esa misma noche le había pedido casarse, y ella había contestado con “tiempo, necesito tiempo”.

Como siempre, la amada, por muy romántica que parecía, siempre desaparecía cuando la situación se ponía un poco complicada, aunque esta vez igual si que necesitaba tiempo. Pero la cosa resultose por algo diferente, que ella me explicaría poco después.

29

El tiempo no se necesita, se escapa, eso fue lo que pensé. Pero ya era tarde, y dormí. El día siguiente llego, y el trabajo y la rutina comenzarían a quitarme a ella de la mente. Pero eso no sería posible, siempre que hubiese un pequeño indicio de ella, y los había y muchos, calles, bares y parques, distribuidos por la gran ciudad. Necesitaba algo, eso algo iba a ser la amada de mi amigo.

Al llegar ella todo cambio, ya que para lo que venía a Inglaterra era para abortar, no quería que el niño que esperaba fuese el motivo por el cuál, nuestro amigo, le había pedido matrimonio.

Me quede helado, esperaba cualquier excusa, menos esa. Entonces ella me dijo que lo quería más que a nada y a nadie en este mundo, pero no sabía si era recíproco. Yo le dije que si, que de eso no tuviese duda, que estaba totalmente cogido a su persona desde el día que sus miradas se cruzaron en aquel bar, y nada ni nadie habían podido cambiar lo que el sentía por ella. Entonces a ella le cambio la cara, me cogió de la mano y nos bajamos a un cibercafé para hablar con nuestro amigo. Allí de una manera un tanto fría, aclararon algo que los dos sabían más que de sobras, y luego con el teléfono lo confirmaron, y ambos se casarían y tendrían ese niño.

Me alegré por ellos, pero mi vida amorosa seguía frustrada sin encontrar a ella, la mujer que me complemente, y yo la complemente, creí que era hora de pasar ya de las noches locas, buscarla, olvidarme de la hermana de mi amigo, ya que lo único que hacía era crearme problemas, y también llegue a la conclusión de que era yo quien tenía que buscarla, la mujer que buscaba nunca vendría a mi.

Todo esto, no me lo dije yo, fue la amada de mi amigo quien me lo dijo, y que si quería huir otra vez que lo hiciese, ya que a veces los recuerdos y las cosas que recordar son lo que más duele.

Con conversaciones y cafés en los parques pasaron las 7 tardes en las que ella estuvo conmigo en Londres, y el día que se iba llegue a la conclusión de que iba a cambiar de aires, si otra vez.

Me acorde de ese libro que leí hace uno o dos meses, Veronika decide morir, y de la ciudad de la que hablaba, Ljubljana, pensé que si un poeta había sido tan importante para una ciudad, para un país, y esa ciudad tan importante para dicho poeta, debía de estar bien.

Por otro lado estaba la cuestión del idioma, me daba igual y me empecé a informar de esa ciudad nada más salir de trabajar, y a buscar trabajo allá también.

Era un país a minúscula escala, con los Alpes al norte, colindante con Italia, Austria, Hungría y Croacia, y con el mar adriático.

También me entere, que era una ciudad que había sufrido poco por la guerra de los Balcanes, pero que a mediados de los años 50 un fuerte terremoto la había dejado en ruinas.

Paso una semana, y me llego un correo electrónico desde Eslovenia, en el ponía que el día que entrase el Euro en vigor (menos de dos meses vista) empezaría mi contrato de pruebas en unos supermercados al noreste de la ciudad. Acepte el negocio, y hable con mis actuales jefes, para pedir una excedencia por un plazo de mes y medio. Me la aceptaron, así que ahora tenía que trabajar mes y medio, luego navidades y cambio de vida.

30: Fin de la primer parte

        Volvía a tener la sonrisa en la cara, sabía que en ese país no tendría referencia alguna a la hermana de mi amigo, por lo que sería mi vida, no la vida de alguien que le falta un trozo de si mismo.

Así que ese ultimo mes lo hice con la amiga de mi compañero, pero ahora como una amiga mejor que el propio amigo, tanto que las dos ultimas semanas de mi estancia en Londres las hice en casa de ella, con algún flirteo con su compañera de piso, la chica del piso en España.

Solo ellas dos sabían mi destino real después de Londres, ya que el bueno del francés, pensaba que volvía a España, cosa que mi último día en Londres le dije que no, y le conté la historia.

Volví a España, me comencé a preparar para mi nueva vida. No estuve en la capital, solo para coger el avión, estuve con mi madre, que me echaba de menos, y quería saber que es lo que iba hacer. Yo le hablé, y ella me dijo que qué pasaba en mi vida, que si tan infeliz era para tener que cambiar mi vida y mis amigos con tanta frecuencia, o si quizás tenía algún problema con la justicia y lo que hacía era huir, y todo eso sin pensar en la gente que te quiere, me dijo que me quedase en la sierra, pero después de donde ya había pasado mis últimos años de vida, entre Madrid y Londres, la sierra me parecía un poco aburrida, pero a la vez tranquila.

Pensé que ella tenía razón, que a veces no hay que ser egoísta y pensar en el daño que puedes hacer a los demás sin saberlo. Lo malo era que ya tenía todo decidido, y le dije a mi madre que si no iba bien la etapa de mi vida que iba a comenzar volvería en que acabase el contrato que tenía de prueba, en apenas dos meses podría volver a casa, hablar con mi padre y trabajar en el mundo de la construcción.

Ya tenía todo previsto, mi nueva vida iba a ser una continua improvisación, nada me podía salir mal.

Mi último día en antes de la partida, conecte en Internet y tenía un e-mail de mi mejor amigo, de nuestro amigo. En él, me contaba su vida, ya de casado, esperando a su retoño, y también me relataba sus intenciones del que hacer con su vida, y me relataba ese cambio de vida que tanto había buscado y la otra vez (Londres) no lo llevo acabo.

Ahora era diferente, me relataba sus planes, como un libro que había leído y después me había dicho que leyese yo, le había hecho pensar sobre esa ciudad, y ahora la ponían como ciudad coole en la revista, y un país en continuo aumento.

Su amada, ahora esposa, y él también, tenían contactos en aquella ciudad, irían después de reyes.

Me pregunto cual había sido mi destino para volver a cambiar de vida, y que nos tendríamos que ver antes de que cambiásemos los dos de aires, porque en ese momento, hacer coincidir nuestras vidas sería muy difícil.

Yo, nada más leerlo me eche a reír, y lo llame para decirle que me llamase el día que iba a llegar a Ljubljana, porque mi destino había sido el mismo.

En eso se vio, lo bien que nos llevábamos, y lo parecidos que somos, ya que para la mayoría de cosas éramos como una única persona.

Quedamos en vernos en el aeropuerto el día que ellos llegasen a Eslovenia. Aunque cuando yo llegue a Ljubljana, no tarde en decirle que mejor nos veíamos en la ciudad ya que sin medio de locomoción propio, el mero hecho de ir al aeropuerto era una odisea (o un poco caro si solo es para visitas). Igual de odisea, que muchas carreteras de ese país que ahora era el mío.

Él me contesto de manera inmediata, llamándome al número de móvil esloveno que le había dado en el e-mail, y me dijo que sin problema, que ya nos veríamos otro día, el primer día sería para alojarse, y todo eso.

 
31 July

Cuento:entregas 11-20

       Comió lo que ella había dejado preparado para los dos, ni la calentó si quiera, con cara de tristeza, acabo de comer haciendo tiempo para ver si ella volvía, pero no llegaba. La volvió a llamar, pero seguía sin contestar. Así que al final, tiró el teléfono encima de la cama, y armándose de valor, nuestro amigo, tal y como iba, y con leve portazo salió de casa.

En el autobús no hacía otra cosa que pensar en ellas dos, y cuando quería olvidar a una le costaba mucho más, ya que sólo pensaba en ella, y así el largo trayecto en ese autobús rojo, el cual todos hemos cogido alguna vez, se le hizo mucho más eterno de lo que nunca había podido imaginar. Llegó su parada, bajo temblorosamente, y andando se acercó a la cafetería, en la cual, hoy no estaría su camarerita. Entró, y ahí estaba ella, en la misma mesa de la cual se despidieron hasta el día de hoy, leyendo otro libro, esta vez era Recuentos para Demián, de Jorge Bucay, al entrar él a la cafetería, ella se percató de inmediato y recogió el libro, las manos le comenzaron a sudar, se levantó, dijo Hola!, se marchó.

Él no lo podía creer, pero ahí se quedó sólo. Y como si no hubiese pasado nada, pregunto por su camarera, que por su puesto no estaba, y el viejo cascarrabias que regentaba la cafetería, le dijo que no. Y continuó diciendo: -Pues me alegro que estés tú aquí, porque así veo que es real, que a tenido algún imprevisto. Él abuelo se echó a reír, y nuestro amigo, torció el morro, y se largo.

No era muy tarde, con lo que decidió a pasar por la puerta de su casa, para probar a el señor destino, y hacerlos coincidir. Mientras caminaba en dirección a la casa de ella, iba recordando todos los momentos buenos que había tenido con su amada, haciendo balance de ellos, al acabar el balance, no sabía por qué ella había actuado de aquella manera. Así que, continuo haciendo balance de su camarera, el cómo había llegado a su vida, por qué se mantenía, las cosas que habían hecho juntos, el caso de su relación... todo lo llevó al mismo punto ¡La voy a dejar! No puedo seguir con esta farsa. Estoy con ella porque estaba triste, y ella también, sólo necesitábamos un pecho amigo en el que apoyarnos, y con roce surgió el afecto, y con él, el cariño, y de ahí al deseo ya estaba todo hecho. Pero a mi no me puedo engañar, sigo queriendo a la misma mujer que me hizo daño...pensaba que la olvidaría, pero es imposible. ¡la voy a dejar!

Y al pensar esto, el señor destino trabajo, y se pegaron de bruces al torcer la esquina, cercana a la casa de los padres de ella.

Volvían del médico, ella y su madre, y con una acogida muy fría él la dijo que le tenía que decir algo, ella le dijo lo mismo, pero ella dijo que sería mejor para mañana. Él le dio dos besos, uno en cada mejilla, y desapareció en las sobras que hacían los árboles, debido a la luz de las farolas.

Al llegar a casa, cabizbajo, y abrir la puerta vio un folio, de esos de papel reciclado como todos los que su amada le había escrito. En efecto, había sido ella, y en dicho folio había escrito unas pocas líneas, que decían así:

-Lo siento, pero no pensé que vendrías, el viernes que viene intentaré tener el valor de hablarte, y escucharte, de disculparme e intentar recuperar tú amistad.

Y en la parte de atrás de este folio, como si de un papel viejo de impresora, ponía:

Todo empezó aquel día gris

en que deje de decir orgulloso:

¡YO SOY!

y entre avergonzado y temeroso,

baje la cabeza

y cambie mis dichos y actitudes

por un pensamiento:

YO DEBERIA SER...

        Él arrugó el folio, lo guardo como se guardan todas bolas de papel, en la basura, se metió en la cama, y dijo:-hasta el lunes no salgo de aquí, y si yo quiero iré el viernes que viene, y si no quiero no iré, ¡Así que destino! ¡¡¡¡ME LA PELA LO QUE QUIERAS HACER CONMIGO!!!! Yo voy a hacer lo que quiera.

        Cerró los ojos con rabia, hasta la mañana siguiente, y digo mañana, ya que todavía no se había levantado, cuando sonó el portero automático de su casa, no lo podía creer, era ella. Pero como si de algo irreal se tratase, se volvió a meter a la cama, y cuando sonó el timbre de la puerta, se dio cuenta que no era un sueño, que era cierto, ella volvía a estar detrás de la puerta.

        Si en efecto, era ella, la camarera, su camarera, la cual, se habia ido casi sin dejar explicación y ahora volvía. Él estuvo casi medio minuto de reloj, mirando por la mirilla de la puerta, y cuando, ella ya se estaba girando para volver a coger el ascensor, el abrió la puerta, y con un tono mal humorado dijo –“¿Cómo es que hoy vienes a casa?¿y encima a la hora de comer?”. Ella se calló, y cuando se dio cuenta que él había acabado de hablar, dijo –“si me dejas pasar te lo explicó”. Él, como de costumbre, le tocó agachar las orejas y dejarla pasar.

        Ella entró, ataviada con más enseres de los que llevaba de costumbre, pero daba igual, ya estaba dentro. Se sentaron en el cuarto de estar, y el no le ofreció ci siquiera una Coca-Cola, ella sabía donde estaba todo. Ella comenzó pidiendo disculpas, hasta que llegó el turno cuando ella, le iba a dar las explicaciones, pero él se adelantó y dijo:  -“pues yo ayer fui a ver a la mujer de las cartas, necesita verla y que me diese una explicación, necesito la explicación”,  ella, echándose a llorar dijo –“mi madre me ha echado de casa, dice que lo que ha pasado en mi vida no lo puede tener bajo su techo, y por eso pensé en ti, eres lo único que tengo en estos momentos para poder seguir para adelante”, un poco más calmada, ya que él la había secado las lagrimas con su dedo, y continuó –“pero tranquilo, lo que tu quieras, si quieres que sólo seamos compañeros de piso me da igual, se que estas indeciso, pese a las ultimas semanas que hemos pasado juntos, pero lo entiendo”.

        Él, que siempre sabía quedar bien, o por lo menos era lo que siempre intentaba contestó –“No te preocupes, como tu quieras si durante un tiempo quieres que seamos solo amigos, y así,  al llegar a casa a la hora de cenar tendremos un compañero que escuche, y alguien a quien contarles lo duro que ha sido el día, que haga más amenas las noche, cada vez más cortas, ya sea de radio, de libro, o incluso de televisión”, y tras un breve carraspeo, prosiguió –“y así intentare hablar con la señorita del café”. A ella, mientras, él estuviese a su lado lo mismo le daba.

        Llegó el viernes siguiente, ella tuvo examen por la tarde (o eso dijo), y él fue a ver si estaba su amada, y allí estaba, tan bella, como siempre, quizá más, serían en esas mechas, que sólo él había sabido reconocer, y al llegar y sentarse en la mesa en que estaba ella, y ver que ella no decía nada, y él se moría por oír su voz melosa, entonces le dijo: -“¿te has hecho algo en el pelo?”. Ella sonrió, y dijo, que no, que había sido hace ya un tiempo, pero como hacía mucho tiempo que no se veían, a ella le gustó, por el mero hecho de que se fijase en ella. Entonces, ella comenzó a disculparse, volviendo a contar la historia que más de una vez, contó al ladronzuelo.

        Ella no se sentía tan forzada como creía que lo estaría, la compañía le hacía estar muy relajada, dejarse llevar por la situación. Y entre risas, y algún que otro zuño, se hizo la hora en que él tuvo que marcharse, para recoger a “su compañera de piso” y así se lo dijo a su amada, quien lo acompañó a recogerla, de camino a su casa.

        Su camarerita, no llegó a verla, ya que se bajo una manzana antes, habiendo quedado para charlar en el parque de Botero, el mismo donde fraguo la amistad con el ladronzuelo.

        Al llegar a recoger a la camarera, estaba lloviendo un poco, así ella le echo una pequeña bronca por haber llegado tarde, pero ahí quedo todo. Al llegar a casa, una tarta encima de la mesa, ¿por qué estaría allí?

        El le dijo, felicidades, y ella contesto “¿Cómo lo has sabido?” “¿Saber, el qué?” contestó él, y continuó “ya no te acordabas, hace dos meses que nos conocemos, bueno, que nos hablamos. Ah! Por cierto, ¿qué es lo que no tenía que saber? Estas cambiada, ¿te has hecho algo?” Ella no dijo nada, hasta que al final no pudo aguantar más, y comenzó a decir “te acuerdas que había ido al médico...” y en ese preciso momento...(ring,ring)...sonó el teléfono, era ella, la amada de nuestro amigo. No se de que hablarían, solo se que él se metió en el cuarto, dejando a su camarerita con la palabra en la boca, y cerrose en su cuarto, la cual solo abrió 10 minutos después para decir que se iba a la cama, y apagó la luz. Supongo que hablarían de donde ir mañana, y que ella no iba a ir sola, iría con el ladronzuelo.

        La joven camarera comenzó a llorar, sin saber cuál había sido lo conversación, solo por el mero hecho de no hacerla caso y dejarla con la palabra en la boca, en el momento en que ella comenzaba a sincerarse, a contarle algo, pero hay momentos en que el cuerpo no hace caso a la cabeza, y solo oye al corazón, y ahora comenzaba a gritar, de nuevo, la amada dentro de él.

        A la mañana siguiente, él que se despertó y marchó de casa, antes que ella se despertase, le dejó una nota en la puerta de su cuarto (el de ella), la cual decía que iban a comer a el parque de Botero, el cual, por casualidad o no, estaba al cruzar la calle de la academia en la que ella estudiaba. Pero que él la esperaría en la puerta.

        Llegó el medio día, y la amada y el ladronzuelo llegaron antes a el parque. Ellos dos hacía más de una semana que no se veían, y ella comenzó a explicarle los avances que había conseguido con nuestro amigo, y él dijo que seguía trabajando y que hacía 4 días había hablado con su antigua novia, que se noto un poco más cercana, pero sin dar, todavía, un ápice de posibilidad.

        En aquel momento salía de clase la camarera, y cuando estaban llegando, cuando ya se veían a lo lejos, ella dijo que se encontraba mal, que se iría a casa y luego para ir al café.

        Él que se sentía un poco mal, solo, y una vez hechas las presentaciones, nuestro amigo le dio un puñetazo y se fue a casa. La amada se echó a llorar, el ladronzuelo la consoló y se marchó. Nuestro amigo salió corriendo hasta que llego al lado de su camarera, le preguntó porque se había ido. Ella volvió a llorar, él la abrazó, y le dijo, “cuéntame lo qué te pasa”. Ella se limpio los ojos, y se sentaron en un banco.

        Ella comenzó desde el principio, como se suele hacer, “te acuerda hace 5 días, el día que fui al médico, que fui con mi madre, pues me dijeron que estoy embaraza, de un mes más o menos, tu serás el padre, él se quedó mudo sin palabras”  y se fundieron en un abrazo. Ella continuo diciendo “eso es lo que te he estado intentando decir estos días, y por lo que me he ido de casa. Ah! Y lo último, hace un rato me he ido, porque me ha parecido que conocía al chico que estaba junto a esa chica, y no quería interrumpios”. Entonces fue él quien la interrumpió “pero como me ibas a interrumpir, si tu tienes, ahora, algo en ti que podías interrumpir todo lo que digas en mi vida. Además, igual si que lo conocías del barrio del café, de donde yo vivo, él fue quien me robó en mi casa y luego decidió devolvérmelas cartas, pero no creo que lo volveré a ver, porque le pegue un puñetazo, bastante gordo, que no se lo olvidara en un tiempo”.

        Al llegar a casa, el teléfono sonaba, y al cogerlo, era él pidiendo disculpas, que él no sería rencoroso, luego se puso la amada, era su movil, diciendo que lo entendía, y que si mañana se podrían ver solos, esta vez, el dijo que si y colgó.

        Ellos se echaron a dormir, como la noche anterior, cada uno en su cuarto.     

A la mañana siguiente, el se despertó un poco sobresaltado, y no se había dormido, se vistió y desayuno, cuando se marchaba a trabajar, se dio cuenta que el cuarto de ella estaba abierto y sin nadie en él. Él, que ya estaba lleno de sorpresas no quiso esperar a que ella le pudiese decir algo, y la llamo. Se había ido andando a clase, por eso había salido antes, entonces él resopló y se marchó a trabajar.

        Él también solía salir de casa con tiempo para ir al trabajo, pero hoy decidió ir en bicicleta y por otro sitio, lo que no sabía era que su sonrisa se la cortarían radicalmente.

        Al pasar por una calle estrecha, de esas que huelen a mal, y el sol nunca calienta los adoquines del suelo, él lo vio a lo lejos al salir de trabajar, era el ladrón que le cambio la vida, quien lo vio y fue hacía nuestro amigo, y con la fuerza y la rabia contenida del parque, dado que estaba su amiga(la antigua amada de nuestro amigo) y se quiso comportar, le soltó un puñetazo directo a la cara, tuvo que saltar para darle. Nuestro amigo se desplomó, con tan mala suerte que al caer, y se pegó contra uno de esos hierros verdes que están en los cantos de las aceras para que los coches no se suban.

        El ladronzuelo se vio en un gran embolado, ya que tenía un poco de moral, y no podía dejarlo, inconsciente, tumbado en el suelo, sobretodo porque no pasaba nadie por aquella calle, así que él fue quien llamó a la ambulancia. Así él se lavaba las manos como Pilatos, quitándose el cargo moral de no haberlo ayudado.

        Cuando llegó la ambulancia el ladronzuelo desapareció, y se fue a casa asustado por lo que había hecho, al llegar a casa se dijo que eso nadie lo tendría que saber, ni su amiga, ni nadie. Que la última vez que se decidió a confesarse sobre algo relacionado con nuestro amigo salió un poco perjudicado.

        Al llegar al hospital, fue la primera vez que supimos si tenía familia, aparte de ese gran corazón,  y tenerla la tenía, pero vivía muy lejos, más allá de donde habita el olvido. Quienes dijeron que sólo irían si su estado agravaba más, bueno todos no lo dijeron, su hermana, que era un poco menor que él, dijo que ella iría a cuidarle, cogió un avión desde su ciudad para cruzar mares y océanos por ver a su hermano, que hacía 7 años que no lo veía.

        Ella estaba esperando esta oportunidad desde que él se marchó, y ahora que ya había acabo los estudios no se lo pensó dos veces y marchó.

        Nuestro amigo en el hospital estaba en la UCI, pese al puñetazo lo que le había hecho el daño había sido la caída, y esa larga perdida de conocimiento, que todavía no había recuperado.

        Su compañera de piso, la joven camarera, era de la edad de su hermana, y no sabía el por qué del retraso de nuestro amigo, quien no fue a recogerla al trabajo. Entonces, lo llamó pero daba comunicando, era ya rozando la media noche.

Segundos antes, la antigua amada le llamó por teléfono, para saber el por qué no había acudido a su cita, no conoció la voz de quien lo cogió, era el médico que esperaba un conocido cercano para coger sus bienes, porque le parecía raro que nadie lo echase de menos.

Pero así es la vida, y en momentos difíciles te encuentras muy solo y casi sin salida, mientras que el resto de personas puede pensar que estas perfectamente.

Al poco tiempo, la camarera consiguió hablar con el móvil de nuestro amigo, y al enterarse de la noticia salió corriendo hacia el hospital, pero al llegar, ya estaba ella, la amada, y no se dijeron nada, sólo “¿Sabes cómo está?!

Al ver que no podían hacer nada, la amada se fue para su casa, y la camarera se fue con las pertenencias de nuestro amigo hacia su piso.

Pasó la noche, y la camarera madrugo más que nunca para llegar pronto al hospital para preguntar todo lo que pudiese preguntar, y al llegar ahí se encontró con una joven, parecía un poco mayor que ella, durmiendo en la ventana de la UCI apoyada en una maleta. La camarera se sentó y esperó a que llegasen los médicos.

Cuando llegaron los médicos, la joven de la maleta se despertó sobresaltada, y a la pregunta de ¿algún familiar? Ella contestó rápidamente que ella era su hermana. Así pues, la chica aquella entró con los médicos para decirle el parte, y que tendrían que esperar, que estaba en las 72 horas más críticas, dado que había entrado en coma, las constantes vitales eran normales y estables, y de momento no sabían nada más.

Así pues, al salir de hablar con los médicos, la otra joven, la camarera, le preguntó ¿Cómo esta?¿Qué te han dicho? Y la hermana contesto:

-“Nada, que tenemos que esperar, y ¿tú quien eres?”

-“yo soy la compañera de piso de tu hermano, y vamos a tener un hijo común. Digo que soy compañera, porque ahora a tú hermano lo notaba un poco indeciso por una chica que le escribió cartas durante un tiempo y luego desapareció.”

-“Si, se me la historia esa, que le robaron las cartas, que ella leía un libro. ¿Y qué hay de ella?

-“Ha vuelto y queda de vez en cuando con tu hermano, pero el daño que le hizo le sigue pesando”

-“Bueno, pues cambiando de tema, ahora viviré yo en lugar de mi hermano, y como ahora no nos dejaran ver a mi hermano ni desde el cristal.¿Me harías el favor de acompañarme a casa para darme una ducha?”

Allá se fueron las dos, una dos pasos delante de la otra, la cual tiraba de una pesada maleta.

Cuando volvieron al hospital, se seguían hablando poco, cada vez más, pero poco. Y al llegar la hermana fue a buscar a los médicos, y la camarera vio una nota en el cristal y la cogió, era de la amada, y se la escondió en el bolso. Al volver la hermana, le preguntó por la nota, ella lo desmintió, pero al ver la cara de mala leche, y el “te irás de mi casa!!” le hizo cambiar de opinión, y se la dio.

Hola!! Creo y espero que esta carta la lea algún familiar de mi amado, y también espero que sepáis quien soy. Soy la de las cartas a su hijo/hermano. A ver si los días los vais pasando con nota, y todo va a mejor.

Bueno me parece que hablare para él, y si podéis se la leéis.

El otro día me di cuenta que la vida es demasiado corta como para quedarme todo en mi, porque si no todo será mi propia fábula, de mi vida.

El otro día al hablar contigo, me dijiste que debía de contar algo, que nunca contaba nada, y todo eso, y me di cuenta que tenias razón, que por eso me va como me va y eso es porque soy como soy, pero con los años que llevo dejándome todo para mi, escuchando, y hablando, solo cuando tenia algo que decir que otro quisiera escuchar.

Te querría contar tantas cosas, pero a la vez ninguna, bueno no se si me explico pero me entiendes, no?? Seré breve, porque lo bueno si es breve, dos veces bueno.

Bueno pues, aunque sea de este modo tan impersonal todo lo que me he callado desde el momento en que te conocí, todo lo que me he callado, desde aquel día en aquel lugar, no lo puedo aguantar mas tiempo, quizá no tenga otra oportunidad, dado lo efímera que es la vida.

Lo que te dije de mi primera impresión...no era mas que una armadura, en realidad me pareciste la cosa mas bella que había en ese momento sobre la faz de la tierra, el hecho de haberte conocido hacia merecer todo el sufrimiento, y el regreso desde donde estuve.

Al principio, tras mi partida, pensé que nunca mas volvería a saber de vos, pero al decidirme a enviarte una carta, esa carta, y el hecho de recibir contestación aquella contestación abrió en mi un balcón de sentimientos, y porque no decirlo, de ilusiones, las cuales me las hacia y creía yo misma. Supongo que mucho que ver en todo esto, tendría que ver mi cese en escribirte, pero las circunstancias me obligaron.

Llego el día en que nos volvimos a encontrar, y ahí estabas tu, con la imagen un poco cambiada, quizá más guapo que la primera vez que te conocí, con problemas en la vida sentimental, pero con la misma melosidad. Pero como siempre quise comportarme como la mejor de las amigas, ya que tanto tiempo compartido en común daba para ello, lo único fue el amor mutuo que nos teníamos.

Te parecerá un poco narcisista, pero siempre pensé en ese hecho que me contaste casi como sin querer decirlo, diciéndome, entre líneas, que lo nuestro era ya imposible. Eso es agua pasada, me sentó bastante mal en su momento, como para removerlo ahora, sobretodo porque yo te moví a ello.

Ya me ha pasado varias veces, todo por el miedo a dar el primer paso. Así que sin resignarme mucho, me quedo con tu amistad, que es a lo más que siempre había podido aspirar, y pese  que cada vez nos veremos menos y leeremos más, espero que esta amistad sea bilateral, con la península como escenario y las carreteras y cartas como telón, para separar los actos.

Todo lo dicho lo sigo manteniendo, espero que la amistad continúe y el tiempo y la lluvia no la disuelvan en el olvido.

Así pues, espero que te vaya bien con tu nueva vida, sal de ese pozo, y enhorabuena! Te lo digo por que al hablar con la camarera, me lo dijo, un poco subida de tono, como marcando el terreno.

Cambiando de tema, y que no te suene a despedida, es muy improbable que nos volvamos a ver. Tu tienes tú vida y yo la mía, durante mucho tiempo no hubo un “adios”, porque tampoco hubo un “hola”.

Esta carta es por todo lo que pudo haber sido y no fue. Pero también espero que sea un punto y seguido, y nos veamos cuando salgas, paseando por ese bonito parque que separa nuestras vidas, ese parque cercano a la autopista.

Y esto es todo, ahora solo amistad, lo malo es cuando idolatras la amistad, que se convierte en ... bueno que se me vade las manos, pues eso, espero que nos volvamos a ver.

Un besazo enorme.

PD: No cambio de vida, ni me voy a ningún sitio, solo que cambiare de costumbres para no volver a entrar en tu vida, y podértela fastidiar de nuevo.

Hasta ese momento, yo deje de ser un simple amigo más y aparecí en escena, eso si, en el momento en el que me enteré del suceso.

Serían las 7:15 de la tarde, justo quince minutos después que yo hubiese acabado de trabajar, y como hacia mucho tiempo que no veía a nuestro amigo, a mí amigo, fui a verlo al bar donde pasaba todas tardes desde que aquella desdichada chica lo dejó por irse a ... bueno aún no tengo claro porque se fue, lo único que se es que durante el tiempo en que ellos estuvieron juntos, uno cerca del otro, incluso la piel de mi amigo era diferente. Pero eso ahora ya no importa.

Y al llegar a aquel bar, donde tú habrás estado alguna vez, seguro, me fui al fondo, donde el se solía sentar, cerca del lugar donde servía su “amiga”, una chica algo más joven que él, la cual le estaba quitando el corazón poco a poco, y le pregunté  qué dónde estaba mi amigo. Y ella sin casi cambiarle la cara me dijo:-“esta en el hospital anteayer tuvo un leve percance, y ahora esta en el hospital”.

Salí corriendo, como alma que lleva el diablo, antes de que ella acabase la frase, con muchísima mala leche por como me lo dijo.

Nunca me había caído tan bien como la otra, pero desde aquel momento me dije que nunca más le dirigiría una palabra.

Llegue exhausto al hospital, hacia muchos días que no lo pasaba tan mal corriendo, y al llegar, ahí estaba ella con las manos en la cabeza, apoyada en el cristal de la ventana, un poco desmejorada, pero ya sabemos que a ella todo le queda bien.

Y en efecto, era su hermana, la cosa más bella que yo había conocido años atrás, una vez que fui a su pueblo, y comenzó una amistad que el tiempo y la distancia la fueron borrando.

Cuando todavía no había llegado a su lado, ella se percató de mi presencia, respiraba muy fuerte, todavía no me había recuperado del esfuerzo, y vino hacia mí corriendo y llorando. Yo era la única persona que conocía en esta jungla de asfalto y personas.

En ese momento me sentí muy bien, pero a la vez muy mal, por el hecho de haberme sentido bien. Me sentía bien por tenerla otra vez en mis brazos, volcada sobre mi pecho, pero a la vez mal por mi amigo, por ese hermano que nunca tuve, que siempre estuvo allí, y cuando él me necesitó yo no estuve.

Ella estaba casi deshidratada, llevaba todo el día llorando, nadie le decía nada, nadie estaba con ella, y yo la acompañé a que comiese algo a la cafetería del hospital, donde comenzamos hablando de nuestro amigo, de su hermano, y de las 2 mujeres que lo rodeaban.

Como buena maruja, comenzamos hablando de la que mejor me caía a mí, y me contó lo de la carta, yo le dije que se tranquilizase, que sabía donde vivía ella...como en una canción de los Secretos...ella era buena chica.

Luego seguimos hablando de la bruja que ahora compartía piso con la belleza personificada, pero teníamos que subir, y después de ponerla a caldo, y seguir rajando de ella mientras subíamos, al llegar arriba, ella estaba otra vez, nos miramos y volvimos a mirar al suelo.

Lo único es que ella había venido para acompañarla a casa, pero prefirió quedarse un poco más en el hospital, ya que quedaban dos horas y pico hasta que el transporte público dejase de funcionar.

Cuando la camarera se marchó pasó un joven médico, que estaba de practica, y apiadándose de la hermana, nos sentó en la sala de espera de la UCI y nos explicó todo, muy bien, dejándonos mucho más tranquilos, a priori, y así nos fuimos andando los dos hacia casa, ya que circunstancias de la vida vivo cerca de donde vive mi amigo. Y si no hubiese sido así, también la hubiese acompañado, ya que ella no sabía donde yo vivía.

Y pasó otra noche...

      Esa misma noche me arme de valor y le escribí esto que luego lo eché a su buzón.

Hola:

        El otro dia me di cuenta que esta es demasiado corta como para quedarme todo en mí. Cuando me dijo tu hermano que no contaba nada, que era un poco tonto y todo eso, comprendí la razón que tenías, que por eso me va como me va, y soy como soy (algo de lo que estoy muy orgulloso, es de cómo soy), pero son casi 30 años dejando todo para mí, escuchando, y hablando sólo cuando tenía algo que quisiesen escuchar. 

        Entonces...te querría contar tantas cosas, pero a la vez ninguna, no se si me explico.

        Seré breve, aunque de un tiempo a esta parte le estoy cogiendo el gusto a esto de escribir. Pues eso, te diré, aunque sea de este modo tan impersonal todo lo que me he callado desde ese día de Julio en que nos conocimos, en la plaza de tu pueblo, en la puerta de aquel cine, Capitol, tú esperabas a tu hermano y yo iba con él.

        Se que es mal momento, pero no me lo puedo callar más tiempo, quizá no vuelva a tener esta oportunidad.

        Primero, desde el principio. Después de 15 días en tú pueblo, nos preguntasteis cuál había sido nuestra primera impresión sobre vosotras, a lo que contesté que me habías parecido un poco estirada, esto sólo fue una armadura y en realidad me pareciste la cosa más linda que había sobre la tierra, y sólo el haberte conocido hizo merecer el verano en aquel pueblo alejado de la civilización.

        Cuando volví para aquí pensé que nunca más sabría de vos, pero gracias a aquel cantautor y sus discos, me decidí a mandarte alguna carta creyendo que obtendría respuesta, pero esta me abrió un balcón de sentimientos, y porque no decirlo de ilusiones, que me las creía y hacía yo mismo.

        Pese a la distancia, mi amistad sobre ti iba creciendo día a día, noticia a noticia, que sobre ti recibía, hasta el punto de idolatrarte, pero te parecera un poco narcisista, pero siempre pensé que ese desliz con algún amigo de tu hermano sería conmigo.

        Eso es agua pasada, ya me hizo bastante mal en su momento como para quererlo revivir. Ya me ha pasado muchas veces, por miedo a dar el primer paso, así que sin resignarme mucho me quedaré con tu amistad, que es a lo más que puedo aspirar, ya que cuando pasen estos días volveremos a tener a la peninsula como escenario, y un telon de asfalto. También pensé que con tan poca relación con alguien pudiese encariñarme tanto con alguien.

        Pero tú tranquila, todo lo dicho lo sigo manteniendo, espero que la amistad perdure al tiempo y a la distancia y que las lluvias no la disuelvan en el olvido.

       Así que por una vez he roto mi coraza para decirte que he idolatrado nustra amistad hasta el punto máximo, el punto en que la amistad se convierte en AMOR.

PD:No se si tendré valor de ir esta tarde a ver a tu hermano

      Como cada mañana, la hermana de mi amigo, salía de casa un cuarto de hora más tarde que la camarera. Lo hacía para no coincidir por la mañana con ella por la casa.

        Así pues ella llegó al hospital, y como todos los días, cogía una silla y se sentaba debajo de la ventana de la UCI en la cuál estaba su hermano.

Al medio día, sin que la hermana supiese el por qué, llegó ella, la amada.

La verdad es que yo fui donde ella vive, cerca de la autopista (porque es buena chica) y le dije que debería ir a verle y todo eso, aunque él no se enterase, seguro que al final sabría quien había estado a su lado.

Volviendo a la situación en el hospital, donde se respiraba tristeza entre ellas, la cual desapareció con un infinito abrazo. Y un ¿por qué esa nota?

A lo que la amada contestó con un: lo siento es pero es que es lo que sentía en aquel momento. Era como si sobrase al estar ella.

En aquel justo instante llegue al hospital, y cortando a la hermana hablé: -pero tú bien sabes, que la que sobra es ella, sino por qué iba yo a seguirte hasta tú casa, cuando me enteré de tu vuelta, y por qué iba a ir antes de ir a currar a tu casa, siendo que me pilla de culo al trabajo. Esto lo dije, para que no hablase de la nota que le deje en el buzón, nota que no había leído todavía.

Entonces pasó el médico y nos comentó que estaba mejorando más de lo que ellos creían, que esta tarde podría pasar alguien a tocarle y hablarle, pero no prometían que él respondiese, si acaso un leve gesto con la cara.

Y entró ella, su hermana, cogiéndole de la mano le habló, no se de qué, yo miraba desde la ventana de la UCI cogido a la autentica amada de mi amigo, por lo menos la única en estos años que le ha querido realmente.

Me tuve que ir, se hacía tarde y no quería forzar la situación cuando ella saliese de hablar con su hermano, además “la amada” se iba en ese momento también. Así que desde la ventada, con un breve movimiento de mano me despedí de la hermana de mi amigo.

Fue entonces cuando ella me habló, dándome las gracias por ayudarla a volver a encontrarse con nuestro amigo, nunca habíamos hablado de ese tema, nunca le había preguntado por su vida privada, pero ella sabía que un día la seguí, que sabía más de su vida de lo que podría pensar, y me dijo que todo eso los motivos de su marcha, de su desaparición, se los quería contar a nuestro amigo, y que yo no dijese nada. Yo le dije que no se preocupara, que siempre podría contar conmigo para lo que quisiera, que aunque no volviese a estar con nuestro amigo, siempre sería mi amiga.

Ella me cogió de la mano y creó que quiso abrirme su corazón y contarme cosas, no solo las banales, si no las trascendentales. Contarme el porque de muchas cosas de su vida, de ese amigo al cuál nuestro amigo le partió la cara, cual era el motivo para que una persona tan pacífica y tranquila perdiese los nervios en tan poco tiempo.

Fue cuando me dijo de quedar, que ya no se veía con aquel al que le partió la cara nuestro amigo, y si ella era mi amiga...yo tendría que ser su amigo, y me dijo de quedar, creo que era tensar mucho la cuerda pero lo acepte, en el bar donde se conocieron que es el mismo bar donde trabajaba la camarerita.

Yo ya tenía prisa y me tuve que ir casi corriendo a trabajar, cogí la bicicleta y me large, gritándole que no llegase tarde.

Pasé la tarde pensando en la hermana de mi amigo, y los posibles porques de no decirme nada sobre la carta que le deje en el buzón.

Al llegar al bar donde habíamos quedado, ahí estaba ella tan joven y guapa como siempre, pero igual de seca en el trato y no me dijo nada. Y en el fondo del bar sentada en una mesa cabizbaja, leyendo un libro, estaba ella “la amada”, tan ella como siempre.

Al llegar a su mesa y que la camarera no me dijese nada me di cuenta del libro que “la amada” estaba leyendo, era de Paulo Coelho, Verónica decide morir, y en un tono bromista, le dije que no hiciera tonterías, ella sonrió me dijo que me sentase y comenzó a hablarme, cuando en ese momento ella se levantó y se fue al vater. En ese momento la camarera salió de la barra se dirigió a mi y se despidió.

Cuando ella volvió le pregunte porque se había ido tan deprisa y yo dije:

-Si, un chaval un poco más joven que nosotros, moreno, que debía de ser amigo de la camarera

-¿de la camarera?, me preguntó sobresaltada, y continuó:

-pues ese que acaba de entrar es el amigo al que le rompió la cara, quien me hizo plantearme la vida de nuevo e ir a hablar con él.

-¿Si?, dije yo más sorprendido, pues él fue quien le robó en casa, y visto lo visto quien debe de estar ahora con la camarera, o ser amigos desde hace tiempo.

 

Poco después, ya no hablábamos de nosotros, sino de la camarera, y de cómo había jugado con nuestro amigo (aunque todo esto eran conjeturas que nos hacíamos en plan marujas). Cuando nos marchábamos, “la amada” me dijo que si se me había caído un sobre yo le dije que no, pero era mi letra la que ahí estaba, era el que deje para que lo leyese la hermana pero lo cogió la camarera, seguía cerrado, pero ahora era yo quien le tenía que contar a ella la historia.

Así pues, con bicicleta en mano fui a acompañarla hasta su casa, ya que yo vivía cerca del bar aquel. Entonces le conté lo que yo sentía por la hermana, y que a la vuelta pasaría por su casa y lo volvería a echar.

18 April

Cuento entregas hasta la 10

Lo voy a contar mas o menos como lo oí:

Es la historia de un hombre y una mujer que se enamoran, como todas las historias que merecen ser recordadas o contadas.

Se conocieron en un bar, en el que tu alguna vez habrás estado. Él esperaba una cita (que por supuesto nunca llegaría, porque sino no tendríamos historia), y acodado en la barra le vio sentada en una mesa tomando un té, y leyendo un libro de Eduardo Galeano, Amares. Él se acercó y le pregunto: me permites. Y ella levantando la mirada de su lectura dijo: por supuesto. Y se sentaron y hablaron de lo divino y de lo humano, de lo posible y de lo imposible.

Ella empezó a hacerle preguntes y él le daba las respuestas y cuando tenia las respuestas le cambiaba las preguntas. Él armándose de valor decidió invitarla a tomar un café al día siguiente en el mismo sitio y a la misma hora en que se habían encontrado. Cotidianamente comenzaron a quedar a tomar café a la misma hora, en el mismo bar y en la misma mesa donde se conocieron.

Y uno de esos días el se da cuenta que esta sumamente enamorado de ella, y en el momento en que él le iba a decir lo  mucho que la quería, que el día se acababa al salir de aquel bar y volvía a empezar cuando la veía aparecer por la cristalera del bar, ella le dijo: no digas nada, tengo que decirte algo, muy pronto me marchare muy lejos, pero no te preocupes te escribiré cada primero de mes para contarte lo que he hecho y lo que no, lo que haríamos juntos y lo que nos queda pendiente por hacer, lo mucho que te echo de menos, lo mucho que te quiero y que pronto, muy pronto, estaremos juntos otra vez.

Él dijo que bueno, que prefería que no se fuese, pero que cada primero de mes esperaría esa carta.

Y ella se fue

Y paso 1 mes, y ese primero de mes llego la primera carta de ella  donde decía lo que había hecho y lo que no, lo que harían juntos y lo que les quedaba pendiente por hacer, lo mucho que le echa de menos, lo mucho que le quiere y que pronto, muy pronto, estarán juntos otra vez.

Y paso otro mes y llego la 2ª carta, mes tras mes, carta tras carta, recopilando cartas, que ella le enviaba, y dejándolas en el pequeño cajón de su mesilla, y las releía cada noche antes de dormir y cada mañana antes de ir al trabajo, y a veces en el trabajo también leía esa cartas terribles de amor, porque terribles tienen que ser las declaraciones de amor cuando tu amor no este contigo. Cartas en las que le prometía que muy ponto volvería y le contaba lo que había hecho y lo que no, lo que harían juntos y lo que les quedaba pendiente por hacer, lo mucho que le echa de menos, lo mucho que le quiere y que pronto, muy pronto, estarán juntos otra vez.

Y cada vez eran mas las cartas hasta que no cabían mas en el cajón, así que se compro una caja fuerte para guardar su máximo tesoro, las cartas, que era lo único que le hacia seguir con vida. Esperar día tras día que esa carta llegase a su buzón, pero un día las cartas dejaron de llegar sin previo aviso. Él pensó que seria algún fallo del cartero, pero a los dos meses dejo de esperar.

Aun así nuestro amigo no perdió la esperanza y releía las cartas con el mismo amor y nerviosismo que cuando las recibió por primera vez, y los sobre ajados todavía se guardaban en aquella gran caja fuerte, y el tiempo pasaba y cada 1º de mes él iba a su buzón a ver si llegaba una de esas cartas con la esperanza de que llegase aquella carta en dijera: amor mío muy pronto estaremos juntos.

Un día en que el no estaba en casa, unos amantes de lo ajeno entraron en su casa y al ver esa caja fuerte se la llevaron a su guarida pensando en que contendría grandes riquezas, cual fue su sorpresa que al abrirla encontraron un montoncito de cartas con sus respectivos sobres, cartas en las que una mujer le declaraba su amor terriblemente a su amado. Cuando nuestro amigo llego a su casa y vio que le habían robado su más grande tesoro, el más grande de los tesoros humanos que es el recuerdo del amor, él se vino a bajo. Roto y desesperado bajo corriendo a la calle y pregunto a todo el mundo si habían visto a alguien con una caja fuerte, pero nadie contesto.

Los ladrones al ver aquellas cartas pensaron en quemarlas, pero él mas joven de ellos dijo que tenia una idea.

Así paso un mes, y llegaba nuestro hombre cabizbajo a casa cuando vio algo en su buzón, era la primera carta que su amor le había mandado, pero ahora los ladrones habían optado por volvérselas a enviar.

Y abrió la carta con el mismo nerviosismo que la 1º vez, le temblaban las manos, y poco a poco nuestro hombre comenzó a tener ganas de seguir viviendo, y así nuestro hombre recibía y leía una vez mas las cartas esperando que le llegase aquella en la que pusiera: amor mío pronto, muy pronto estaremos juntos.

Hoy me desperté pensando en ti otra vez, pero como ayer, tu no estabas junto a mí.

Entonces como ayer baje al buzón para ver tu respuesta, pero no había llegado, así que hoy me decido a escribirte, una carta sin destino, porque tu no ponías el remite en las cartas por no dejar tus huellas.

Cada día que pasa pienso en esa ultima carta que recibí de ti, esperando que me escribieses que tu ya ibas a volver, pero eso no iba a pasar.

Ahora me doy cuenta que toda mi vida se mueve por y para las ilusiones, por qué no sé lo que me pasa, ni lo que te pasa, pero todo me sale mal, primero cuando la otra ayudo al comienzo de  nuestra relación, dándome plantón en el bar donde te conocí, y luego tú, desapareciendo a la misma velocidad que apareciste en mi vida. Y yo no me quiero dar cuenta y creo que todo me va bien(yo y mis ilusiones), pero cuando pienso fríamente sobre lo divino y de lo humano, de lo posible y de lo imposible, y hago memoria sobre lo que he hecho y lo que no, lo que hicimos juntos y lo que nos quedó pendiente por hacer, lo mucho que te echo de menos, lo mucho que te quiero y que pronto, muy pronto, me daré cuenta que a ti no te puedo tener.

Ahora que me he decidido, quiero preguntarte ¿Por qué?¿Por qué me trataste así para luego olvidarte de mí? Pero tu sabes que mi amor correrá el tupido velo que te haga perfecta otra vez, esta es mi ilusión (o mi esquizofrenia) que me hace ver la vida de color de rosas.

La vida que yo veo no es la vida real, en mi vista sobre la vida no hay personas malas, ni malas intenciones, tan solo son hechos aislados, que cuando se unen hechos aislados forman las coincidencias, que son sin maldad pero que mucho molestan, o pueden ayudar mucho.

Las coincidencias contigo fueron que pronto te fuiste de mi lado (pero no importaba, porque pronto estarías junto a mí), dejaste de escribirme (pero no importaba, tendría que tener solo el remite)y él último hecho, las cartas no tenían remite(esto ya fue la coincidencia, el hecho no buscado, te había perdido)

Pero yo pensaba que no habría coincidencias contigo, al leer Amares de Eduardo Galeano, te creía diferente, pero otra vez es el velo de la perfección que hecho por delante de las cosas que quiero.

Te escribo porque me he dado cuenta que ahora las cartas ya no las envías tu, y en una de ellas cometiste un fallo, y creo que te he encontrado(otra coincidencia->un fallo tuyo, y al devolverme las cartas las he vuelto a leer con mucho más esmero)

Así que ahora me despido, espero que se haga otra coincidencia y te llegue la carta. Y que luego tu me hables de lo divino y de lo humano, de lo posible y de lo imposible. Me empieces a hacer preguntas y yo te daré las respuestas y cuando tengas las respuestas me cambiaras las preguntas. Cotidianamente comenzaremos a quedar vía postal, el mismo día, que hoy te escribo. Y me volverás a escribir cada primero de mes para contarme lo que has hecho y lo que no, lo que haríamos juntos y lo que nos queda pendiente por hacer, lo mucho que me echas de menos, lo mucho que me quieres y que pronto, muy pronto, estaremos juntos otra vez.

Esto te escribo, que es mi ultima ilusión.

Hoy, un día gris de febrero, nuestro hombre(nuestro amigo)se despierta pensando que sería un día como todos los días de su vida, en los que la ilusión no esta presente y parecen que no acaban, pero se equivocó.
Como cada mañana, bajo al buzón para ver que ella seguía sin escribirle, pero esta vez algo era diferente, tenia una carta, la ilusión en realidad se convirtió, pero por poco tiempo, ya que la carta tenia nombre, y el de la belleza que conoció en aquel café no era. Pero de todos modos se decidió a leer la carta que aquella señora o señorita le había respondido. Y aquí esta:

 Hola, señor! Le remito esta carta ya que no es normal que un hombre busque así a un amor, y me ha llegado. Tampoco se como por un error de su amada ha ido a llegar a mí su carta, ya que si no ponía el remite, no lo entiendo.
Le reconozco que todos en algún momento hemos vivido de ilusiones perfeccionando en nuestras mentes a la persona a la que amamos, a los seres a los que apreciamos, volviéndonos ciegos frente a la realidad, perdiéndonos todas las cosas buenas que tiene la vida.

Ahora te voy a tutear,

Te sigo diciendo, que no te tienes porque encerrar en tu yo interior y alejarte de tus seres cercanos, pese a que ya te hallas dado cuenta de que no son tan buenos como tu pensabas, que el mundo esta lleno de cosas bonitas, y porque no decirlo, a mi me ha calado muy profundo, porque hombres como tu que se arrodillan y buscan a su amor solo están en los libros de princesas.

Además, tanto tu como yo sabemos que la soledad es la peor enfermedad del mundo, pero tiene una cosa diferente del resto, no es contagiosa, y si te acercas a alguien le curas. Yo te estoy escribiendo porque me encuentro en la misma situación y con la misma enfermedad.

Así pues, me gustaría que tus ilusiones, y tu enfermedad y las mías se hiciesen una, y como he visto que no vivo muy lejos del lugar donde esta el matasellos de tu carta, podríamos quedar en el bar donde la conociste, yo estaré leyendo un libro, Amares, de Eduardo Galeano, y así será como si volvieses a empezar.

A nuestro hombre le asaltan las dudas, quien será la misteriosa mujer que le quiere conocer? Por qué abrió la carta si no era para ella? Las ilusiones se adueñaban de él, y pensaba que seria su amada.

Así que comenzó a desojar el calendario esperando a que el día que ella le había indicado llegase.

Y...

Y... llego el día señalado, cuando nuestro amigo, fue al bar que ella le había indicado. Y, para su sorpresa, vio un libro en la misma mesa que había conocido a su amada, que coincidencia, no??, Armándose de valor se acercó a la mesa maldita, aquella mesa que inicio los mejores momentos de su vida (que estilo literario, que prosa, que arte, si es que me estoy empezando a gustar yo mismo) pero a la vez le había llevado a un estado paranoico, donde la realidad era del color que ella le había indicado, y una vez en ella observo el libro, era "Amares", el no se lo podía creer, con lo que se acerco a una joven camarera, que por cierto, fue la misma que le atendió el 1er día cuando le dejaron plantado, y le pregunto: ¿No se habrá fijado como era la persona que se ha dejado este libro? A lo que la joven, con un tono  apenado por ver las desidias amorosas de nuestro amigo, contesto: Si que me he fijado, pero creo que no le conviene, porque volverle a dejar aquí plantado no se hace, era una señora....Él le interrumpió asintiendo, y le pidió un café y se sentó en la misma mesa, haciendo de tripas corazón.

La joven camarera, se acercó a él con su café, y le dijo que quien había dejado el libro, era la misma señora que unos cuantos años había estado con él viniendo a este bar, y le había escrito algo y lo había dejado dentro del libro. Además la camarera también le percató que le notaba muy triste y desmerecido, porque no había pasado un día si verle entrando desalmado al bar para pedir un café y perder su mirada en la puerta esperando que ella volviese.

Nuestro amigo, embriagado por la desilusión de leer las razones de su abandono abrió el libro, y ahí mismo, en el índice había una nota manuscrita, la cual comenzaba así:

 

Querido mío,

Tenias razón, acertaste en la dirección, me has encontrado, pero esta vez desaparezco de tu lado para siempre.

Aunque te parezca extraño, a mí me duele mas que a ti, ya sé que no tengo explicación y que cualquier excusa que te dé, te será muy injusta y quizás un poco egoísta, pero así es.

En primera instancia me marché a Argentina, por motivos familiares, y una vez allí, comencé a escribirte esas terroríficas cartas, que pese a la distancia, me hacían estar arropada en tu pecho.

Llego el día del regreso, pero yo tenia miedo, de volverte a ver, de sentirte,..., me acerque a ti, solo para observarte, y al verte tan hundido, no me atreví a mas, entonces fue cuando lo vi claro, YO NO TE MERECIA, y te di una segunda oportunidad, porque muy posiblemente no hubiésemos estado toda la vida juntos, y así la separación había sido menos dolorosa. Nuestra relación era cuasi perfecta, y como todas relaciones hubiésemos tenido malos momentos y si en uno de ellos hubiésemos se hubiera firmado el fin de nuestro amor, no quiero pensar lo que habrías llegado a hacer. Así que mejor así, porque yo no podía seguir siendo esa princesa azul que tu creías que era.

No ha habido terceras personas, solo que no podía verte sufrir por mí, y por mi ausencia. Tienes mucha vida por delante, no cierres los ojos a lo que tienes delante, seguramente sea mejor, lo único que tienes que hacer es dejarte llevar.

Siempre has sido calculador en exceso, así que ahora tienes la ecuación de tu vida, y tu le tienes que dar el resultado. Yo te doy facilidades, me quito de en medio, dejándote una variable resuelta.

Alegra esa cara, e intenta resolver la ecuación.

Un beso enorme, y ten presente que siempre te llevare en el fondo de mi corazón

 

Nuestro amigo, embotonado y con lagrimas en los ojos, levanto la vista del manuscrito, y vio a la joven camarera con una lagrimilla intentando salir de sus ojos, emocionada al ver llorar a nuestro amigo, y triste porque había visto lo que su amada le había hecho. Él se acerco a ella, e imitando a Sabina le dijo en un tono melancólico

“Luego volví

donde el olvido,

que es un país

tan aburrido,

mi único amor

correspondido,

terca pasión,

dulce tormento,

yo tan mayor

y no escarmiento.

Y en mitad de un blues

Me plantó la princesa azul.”

La joven camarera lo miro con cara de sorpresa, ya que ella siempre había estado allí, viendo pasar sus penas en la ultima banqueta de la barra, y nuestro amigo nunca le había dirigido la palabra, y hoy cuando ella pensaba que él ya nunca volvería por aquel bar,  donde nacieron los más sinceros sentimientos de nuestro amigo, va y le habla, dejándole caer que su princesa no le quiere, y ella le respondió con una tímida sonrisa.

Apareció, entonces...

Apareció, entonces, una figura inconfundible, de la cual sólo la joven se percató, haciéndole un breve guiño. Nuestro amigo no se dio cuenta de su presencia, a pesar de ser lo que siempre él había buscado. Cegado por la ira y la desolación, abandono el bar, soltando un tímido adiós, para esconderse en su hogar, que es su refugio. Esa figura era Cupido, con un amor en la flecha no correspondido.

Un poco después vi a la amada, caminando sola y desdichada por la gran ciudad, se la veía ausente por el mal que estaba haciendo, pero así era mejor. La seguí hasta su barrio, su casa bordeaba la autopista, eso creo que hizo que la hizo volver más deprisa. No quise conocerla de aquel modo, quería comprar algo, pero tenía todo. Pocas veces sonreía, pero con eso a nuestro amigo le valía.

“El no pudo acompañarla en aquel vuelo, porque apenas pisaban el mismo suelo y antes que su tren descarrilara, ella en marcha se bajo, sin decir nada. En otro tiempo ellos se amaban cuando en el mismo tren viajaban”.

Después salió de su casa, y la seguí hasta un bar de aquellos que ahora frecuenta, estaba de negocios en la puerta, y comprendí que todo en su vida había cambiado, ójala nunca la hubiera encontrado. Os juro que era buena chica, aunque ya tenía poco apego a la vida.

Ella se sentía desdichada, se encontraba entre la espada y la pared, porque creía que la persona que más la había amado nunca podría salir del pozo en el que estaba, y para un mayor disgusto no podía hacer nada para sacarlo, ya que si lo ayudaba a salir, esta vez ya no la vería con ese velo de perfección, ese velo se lo había quitado ella misma cuando lo tiró al pozo.

Lo que ella no sabía era que una mano amiga le había sido tendida, lo malo es que esta mano no tiene mucha fuerza y todavía seguía en el pozo, asomando casi la cabeza, pero en el pozo.

Entonces, supongo yo, que ella se dio cuenta de lo que debería hacer, y empezó a esforzarse mucho más por cambiar, para llegara a ser esa princesa que él quería que fuera, pero por si sola nunca podría. Y casualidades de la vida, una fría mañana, cuando ella volvía de sus negocios, por ultima vez, un jovencillo maleante le intento robar el bolso, pero en mitad de forcejeo una pequeña carta calló del bolso, al el joven le resulto familiar, y parando de forcejear le pregunto que si ella había mandado cartas a un hombre, y le preguntaba sobre lo posible y lo imposible, lo divino y de lo humano,... y así consiguiendo la confianza de ella, y que el joven era de fiar, le pregunto si sabría o podría ayudarle para ser mejor persona, y el le contesto que no creía que el pudiese, ya que con su vida tampoco era un ejemplo, pero pese a lo raro de la situación ellos dos hicieron un pacto de Ayuda mutua para conseguir ser mejor personas, o por lo menos volver a ser como eran 3 años atrás.

Hoy, cuando el cielo empieza a cambiar de color, y todo en esta donde estaba ayer. Ella se quedó entre el olvido y el más allá, porque el tiempo, la más dura e infranqueable de las barreras que tienen los hombres, comenzaba a hacer su efecto y ya no dejaba pasar a la amada a lo más profundo de su corazón.

A él le dolía más que a nadie, pero la distancia (ficticia o inventada, no real)que hay entre ellos, fue otro muro que le ayudo para salvarse a sí mismo de ella. Pero, ahora, más que nunca, estaba dispuesto a olvidarla, quedarse con lo bueno y tirar lo malo, para así poder pasar página y encontrar a su autentica princesa azul, aquella que todavía lo despierta en las noches en las que a ella contempla, aquella que le de resultado a su ecuación, que le saque del pozo.

Pasan los días y ella no llegaba, o el no la encontraba, porque su velo de la perfección le hacía no fijarse en las verdaderas maravillas que tiene el ser humano, que son sus pequeños defectos, los cuales nos hacen diferentes y especiales a cada uno.

Entonces nuestro amigo comenzó a ir a...

            Entonces nuestro amigo comenzó a ir a lugares que no sabía ni que existían. Estos lugares los descubrió gracias a por su puesto a esa joven camarera, que ahora era ella quien recibía las visitas de nuestro amigo. Nuestro amigo vio en ella una salida al romanticismo que tenia dentro, en un principio sin cambiar sus hábitos de ir a tomar café, ya que solo tenia que cambiar la mirada (antes a la puerta, y ahora a la barra).

            La joven pronto se percató, pero no quiso hacer ni decir nada, supongo yo que seria por no hacerle mal, hasta que un día él la espero que saliese del bar para hablar con ella de camino a su casa, y preguntarle por su vida, lo que hacia cuando ella no estaba en el bar trabajando, sus aficiones,... Ella no abrió la boca hasta que llego a su casa, y una vez en la puerta le dijo que estudiaba, que tenia poco tiempo para divertirse, y que salía siempre que podía por la zona vieja. Allí mismo, de una manera fria y a la vez cuidada, le dijo Hasta mañana, y entro en casa.

            Alguna luz se le apagó a nuestro amigo, y pensó: ¿Pero que esperabas, tú? A esta chica, seguramente, la estará esperando algún otro muchacho con el que desquitarse de los duros días que ella debe de pasar...  y es por eso, por lo que las veces que he ido por la mañana a ese bar ella no estaba. Pero qué te pasa, TRONCO, no hace ni tres días estabas llorando en tu ventana, cuando veías llover sobre tu ventana, y recordabas aquel tiempo que estuviste con aquella personita tan importante en nosotros. (esto es un monólogo interior de nuestro amigo)

            Después de unos minutos mirando al infinito en la parada del bus, esperando al Night Bus, él se rió de sí mismo, y se fue para casa, pensando que ella había estado muy cordial en esta situación... Mañana volveré a verla, pero es hora de cambiar.

            Por otro lado, estaban la amada con el ladronzuelo, y como si fuese una reunión de alcohólicos anónimos, su primera cita para convertirse en mejores personas y ayudarse mutuamente comenzó con una presentación de ellos, y comenzó ella:

            -Yo me considero una aventurera, devota del rock’n’roll y del cine de autor, y también, porque no decirlo, una maldita, que ha hecho mucho mal a los corazones de personas por ninguna otra razón que la de amarme, y yo solo he querido ser yo misma pasando del resto. Durante dos días he estado huyendo, pero no sé ni hacia donde, ni de quien, posiblemente huía de mi misma, supongo que como la mayoría de los jóvenes, que quieren algo, pero no llegan a ello

El ladronzuelo, con cara de interesante, le interrumpió, para decirle:

- Ahora me toca a mí, estoy de acuerdo en casi todo lo que has dicho, pero ¿Por qué huir? No sabes que también se puede esperar a que aquello que quieres acabe por llegar a ti, o en su defecto si no llega, será porque nunca lo deberías de haber deseado, ya que no sería bueno para vos. Mi sueño era el ser actor, o mejor dicho artista, vivir en el mundo de la farándula y cuando la gente me conociese, y ya la gente me pudiese tener en consideración, ayudar a los que lo necesitasen, pero por circunstancias de la vida, cuando el caballo comenzó a entrar en mi vida, y todos los de la edad de tu hermano son los jonkies del barrio, y así por ayudar a la gente que tenía a mi lado, deje los estudios, porque yo era el único que tenía información, y eso que era el más joven de los que nos juntábamos en el parque, para coger la radio a los desafortunados que por allí aparcaban, yo me libre porque nací en el 73. les vi caer tan rápido que no nos lo podíamos creer, así que si estando con ellos, y con los que intentaron seguirlos, podía salvar a uno, merecería la pena. Mi hermano no consiguió abandonar al caballo, y el caballo se lo llevo de viaje... ahora ya lo tengo mas que superado, y al ver lo que tú empezabas a hacer con tu cuerpo decidí ayudarte, igual que ayude a tener la ilusión a ese, quien te amaba, porque tu se la quitaste.

Pero a quién le importa el pasado. No hay que huir de los problemas, solo los tienes que afrontar y así estas mejor contigo y mejor con los demás.

            Y ella le contesto:

-Si, pero qué es lo que tengo que hacer para que él me vuelva a tener en cuenta, porque para él yo he desaparecido, porque eso le dije, así que no se que puedo hacer.

El ladronzuelo, sonriendo habló:

-Bueno, princesa, lo siento me tengo que ir, quería decirte que como te diré otras veces que pase lo que pase estoy aquí, pero antes sólo decirte, que tu sabes como comenzar a que te vuelva a tener en su vida, aunque esta vez le costara hasta que sea como antes, si lo llega a ser alguna vez. Por lo que yo vi en su casa, una vez que estuve, en circunstancias que ahora no vienen a cuento, él es un tío muy sentimental, que perdona pronto, aunque siempre tiene algo clavado que le molestara para siempre.

Volvieron a quedar en los bancos del Parque de Botero, y se despidieron como quien se conoce desde que es un chiquillo de guardería, se dieron dos besos y un adiós.

            Pasaron unos cuantos días hasta que nuestro amigo volvió a ver a su joven camarera, fue en otra cafetería, un poco bohemia para él, pero allí estaban ellos dos. Ella con mirada dulce y con los ojitos un poco rojos, él atento y risueño, no tardó en preguntarle que le ocurría, -¿Por qué estas así?, y ella sonriendo contestó que no era nada, que había tenido una pequeña bronca en casa, y lo había dejado con su novio. –No me hagas mas preguntas, que ya te cuento yo como es mi vida y como soy yo, porque hasta ahora sólo has hablado tú, además yo sabía muchas más cosas de tuyas, que tú mías, así que ahora es mi turno.

            Ella comenzó hablando de lo que hacía ahora: -Por las mañanas voy a clase, porque me quiero labrar un futuro, aspirar a algo más que a servir cafés y algún té que otro, y luego por las tardes voy a trabajar, porque como no quiero vivir con mis padres necesito sacarme algunos ahorrillos para emanciparme, pero de momento sigo con ellos. No creo que llegue a septiembre viviendo con ellos.

Él la interrumpió para preguntarle qué era aquello a lo que aspiraba, y ella continuo:      -Pues no lo tengo muy decidido, ahora de momento me estoy preparando para la prueba de acceso, pero creo que enfermera, me gustaría médico, pero va a ser que no, además no quiero seguir mucho más tiempo aquí, así que enfermería y lejos de aquí, si pudiese en el extranjero mejor.

A él le cambio el color de la cara cuando dijo lo de “en el extranjero”, y ella dando se cuenta (lo que no le dijo es que ya lo había solicitado y si se lo concedían no podría rechazarlo),y siguió hablando: -Pero después de las vueltas que esta dando mi vida, no se como va a continuar, ni ex también se iba a ir a trabajar al extranjero, durante un año, así que estaríamos los dos en igualdad, o quien sabe, juntos pero a 2000Km de mis padres. Pero desde hace una par de semanas todo ha cambiado, apareciste como alma en pena, ese de quien ya no quiero hablar, me viene y me dice,” que es muy monótona nuestra relación, que necesita tiempo” y lo acabo de ver por el centro comercial entrando al cine con otra....SE NOS JODIO EL AMOR Y PUNTO...pero vamos, así mejor, más tiempo para mi.

...

Y eso es todo a grandes rasgos de mi vida.

En la cara de nuestro amigo, se notaba que la había entendido, que ahora no ella no quería ninguna relación, así que él se tendría que ganar primero la amistad de ella, convertirse en su confidente, pero siempre mostrándole que él también esta en el terreno de juego.

Ella, supo enseguida lo que el quería, que era lo mismo que ella quería, porque pese a la ternura y tranquilidad que mostraba nuestro amigo, -Yo ahora soy su segundo plato, él necesita una ayuda, y yo también, así que ¿dónde esta el problema?, si tiene que surgir algo, que surja. Eso es lo que ella pensó.

Después de varias horas hablando y riendo de batallitas pasadas, e incluso alguna invención para hacer reír al contertuliano de el otro lado de la mesa, llegó la hora de la despedida y él se ofreció para acompañarla a casa.

No estaban muy lejos de su casa, y como ella había hecho pellas, y él tenía fiesta, decidieron ir paseando hasta las casa de ella. Al llegar se dijeron Adiós, a la hora de los dos besos, el error de calculo, derecha o izquierda, cometieron un fallo, posiblemente buscado por alguno de ellos, y la flecha de Cupido a él le llegó.

Justamente, ese mismo día, la otra extraña pareja también había quedado para hacerse la mutua ayuda, ellos llevaban unas semanas quedando casi como un deber pero a la vez tan gratificante.

Él llegó un poco más tarde que ella, corriendo, pero esta vez no huía de nada ni de nadie, sólo era para decirle que había encontrado trabajo, legal, y que se había metido en una academia para intentar ingresar en la academia de Artes.

La antigua amada, también sonriente por la alegría de su único amigo en estos momentos, le dijo que ella también tenía una sorpresa, -me están empezando a llamar de diferentes lugares, para trabajar de algo en lo que trabajaba antes de irme a las Américas hace hoy 4 años, así que igual tengo que abandonar la ciudad.

El antiguo ladronzuelo, le dijo que no lo hiciese, que sería peor para ella, y también para él. Que recordase cómo y por qué había llegado allí, que no se rindiese, y que si quería realmente a ese hombre se lo hiciese saber por carta, o en persona pero ya se sabe que es mucho más fácil decir las cosas por escrito, aunque en persona llegan mucho más al interior.

Ella asintió con la cabeza, sonrió, le dio un abrazo, le dijo que iba a la empresa de la que se despidió a ver si ya la trataban mejor, y le daban otra oportunidad, y salió corriendo.

Cuando nuestro amigo volvía para casa, bajo la fina lluvia de primavera cae caía esa tarde, vio una figura femenina, no lo podía creer, era ella y había vuelto, pero él no supo que decirle y se fue a casa.

Una vez allí, en su casa, se sentó en la repisa de la ventana de su cuarto y solamente contempló la calle, viendo como la gente pasaba bajo la lluvia, y pensando en ella, en si sería o no, pero ya le daba lo mismo, ella estaba en su cabeza, su amor platónico había vuelto a él. Mirando por la ventana y ver el agua al caer, es seguro que llueve, tanto como que ella a él algo le quiere.

Y él pensando en voz alta: - Quizás algún día me querrás, como la lluvia besa mi cristal.

Era radiante, casi imposible que en ese cuerpo cupiese tanta belleza, él mirando por la ventana pensaba en ella con él, y porqué nunca se atrevió a decirle nada, siendo que su sólo su presencia le había dado mucha felicidad a su vida, pero ella no quiso gustarle a Platón y así le dejó una espinita en su corazón.

Ella era ese amor que tienes desde niño pero lo ves imposible, pero real, lo tenía ahí mismo, pero a la vez tan lejos, y que con su sola visión ya había superado lo mal que lo pasó cuando la chica que leía a Eduardo Galeano lo dejó en el olvido. Ese amor que como no lo pudo tener se alió a él para estar cerca, y así por lo menos tuvo la amistad. Él no solía hablar con ella, no porque no quisiese ni porque no tuviese nada que decirle, sino porque al estar delante de ella, se le nublaba la vista, se ponía muy sudoroso, y la mente en blanco, y para colmo, a parte de decir tonterías las decía tartamudeando un poco, así que claro, él con verla tenía suficiente, ya que mientras seguía viendo llover pensaba: -por qué no le habré dicho nada hoy? Y siguió pensando: menos mal, porque prefiero estar callado y parecer un poco tonto, que hablar y confirmarlo.

Así que con una sonrisa en la cara, él la vio pasar por debajo de su ventana, sola pensativa, mirando al suelo con el cuello encogido por culpa de la lluvia, y sin saber por qué de su boca salió el nombre de ella, bajo de casa y le dio un paraguas. Ella le dijo que si la quería acompañar para que le contase lo que estaba haciendo, él accedió y se mantuvo a escuchar, ya que no quería estropear ese momento. Al llegar a la puerta de ella, le devolvió el paraguas le dio dos besos, y se prometieron mantenerse en contacto para que la amistad que tenían se mantuviera.

Y todo quedó en eso, en una amistad, con la que él se sentía bien, pero ya se sabía que lo del contacto había sido por quedar bien, para ambos, porque a ella lo mismo le daba y a él no le apetecía recordar más, ya que ahora que había olvidado a su amada, quería intentar centrarse en que alguna relación fuese un poco más estable y duradera, y la camarera era la que tenía más papeletas. Pero a no ser que la joven camarera acudiese a él, durante unos días nuestro amigo estaría en una nube, gracias a su amor platónico, y de ahí con querría bajar hasta que se diese cuenta de que ella ya no se había ido.

Pasaron los días, y nuestro amigo a la camarera seguía sin llamar, entonces el teléfono de él sonó, era ella para decirle que si se podían ver, que ella no entendía el por qué le había dejado de lado estos días. Ella lo volvió a llevar a aquel lugar bohemio, como si de crear una rutina se tratase, en un ambiente tranquilo y agradable que transmitía armonía.

Yo creo que era porque ella quería algo, pero todavía le pareció muy pronto para preguntárselo. Ella quería emanciparse, y a él le sobraba una habitación en su piso, muy pequeña y desordenada, pero le sobraba.

Por otro lado teníamos al ladronzuelo y a la amada, que seguían quedando de manera habitual en un lugar céntrico y muy concurrido, ya que hay se sentían mucho mejor, creyéndose no estar solos.

Ella había conseguido una entrevista para volver a trabajar en la misma compañía donde trabajó antes del comienzo de su nueva y mala vida. También estaba empezando a escribir una carta a nuestro amigo, tal y como le había dicho el ladronzuelo.

Por otro lado el ladronzuelo seguía en la academia, y para pagársela había empezado a trabajar en una franquicia limpiando todo lo que le decían, pero él quería pensar que siempre no estaría así, y con el tiempo podría aspirar a algo más.

Así que, contentos los dos, se despidieron, esta vez un poco más amistosamente que otras veces, y además él la acompañó hasta el portal de su casa conde se volvieron a despedir, esta vez cordialmente, ya era tensa la situación como para forzarla más.

Era un viernes cualquiera, cuando a mitad de tarde, entró entonces, a la cafetería, ella, la antigua amada de nuestro amigo.

Ella se sentó en una mesa, y al cabo de un rato, comenzó a escribir:

-Hola, con mucho esfuerzo te vuelvo a escribir desde el mismo lugar donde nos conocimos.

Viernes 7 y 10, en el bar de siempre sentada, esperando yo que se. Enciendo un cigarrillo y veo el atardecer, ya que tú no estas. Me faltas tú, sin ti ya no tiene sentido mi vida tal y como la conocía. Creo que no volverás, ideas confusas me arrastran, apenas me queda ilusión y tu sin aparecer. Te esperare aquí siempre, otro viernes a las 7. Volveré a empezar, la misma rutina de todos los viernes a las 7. No te pido nada, solo que un día te pases por aquí. ¿te acuerdas de este lugar? Supongo que si, por eso te pido un poco de piedad, y ve un viernes a las 7, sólo te quiero dar una explicación, e intentar volver a ser amigos.

Se que no será fácil para ti, para mi esta siendo muy difícil escribir esta carta pidiendo clemencia por tu ausencia. Fue muy duro el decirte hasta la vista, pero más duro esta siendo el decirte “Hola”, en esta ocasión.

Vuelvo a repetirte que tenía mis motivos, injustificados, pero existentes. En mi memoria siguen estando los momentos que pasé contigo.

No quiero una contestación, solo que te pases un viernes a las siete, y hablamos.

 

Una semana después, como cada primero de mes, nuestro amigo baja al buzón, ahora ya solo para mirar las facturas y gastos varios de su vida, pero tenía una carta, de la misma persona de la que antes él había estado enamorado, y todavía sentía algo por ella. Dicha carta, la metió en su bolsillo y se fue de casa, para cumplir con sus obligaciones e ir a trabajar.

Después del trabajo había quedado para comer con la camarera, ya que él tenía que avanzarse algo de trabajo antes del fin de semana, y trabajar por la tarde. Una vez allí y después de una comida agradable y placentera, él le dijo: -hay días que no me concentro, días en los que eres tú mi único consuelo, y ese era hoy hasta que tú entraste por la puerta. Al conocerte, tú estabas empeñada en ocultarte tras mi melancolía (y tras la barra), y no me atrevía a confesar ante ti lo que sentía.

Ella lo interrumpió, lo cogió de la mano, y siguió hablando ella, : -Cuando te empecé a conocer, fue para sacarte del pozo en el que estabas metido, que sólo sería una amistad, pero cuando la amistad se queda corta, admiras en la mayoría de aspectos a la otra persona, y no ves más allá de sus ojos, se convierte en amor. Yo te admiro más que a nadie en el mundo, por como eres, como escuchas, y como me hablas cuando más lo necesito. La noche en que te vi, se grabo en mi memoria, esta noche tendrá su magia la convertirá en secretos tus besos.

Una vez finalizada la última frase, se fundieron en su primer beso de amor, ese beso que consiguió parar el tiempo a su alrededor, todo giraba entorno a ellos, e inmóviles en el centro de todo el caos, ajenos a todo, algo desestabilizó su burbuja atemporal. –Lo siento pero debo irme-dijo nuestro amigo, -pero antes he decirte que ella, la otra, me ha escrito una carta. No pongas esa cara, aunque con el pelo recogido, te queda tan bien, no me gusta verte triste. Que sepas que todavía no he leído la carta, y que si tu quieres no la leeré. Ella le dijo:- yo también tengo algo que decirte, el viernes pasado estuvo ella, en la cafetería y después de un rato se puso a escribir algo. Y por cierto, lee la carta, no sabes lo que te puede decir. Ella también se tenía que ir, ya que era viernes, y tenía que trabajar por la tarde en el café. Así que, salieron los dos del restaurante y parando el tiempo se volvieron a despedir.

Él al llegar a casa, y pensando mucho saco la carta de donde la tenía guardada, y la abrió, ya que nunca sabes lo importante que puede ser algo, y no hay que dejar de vivir un segundo de tu vida. Comenzó a leerla, y cuando terminó, con cara de circunstancia, la recogió en un cajón de su mesilla, y se metió en la cama sin ganas de cenar, y así pensar en si pasaría o no, por el café de su “camarerita”.

 

Al día siguiente, nuestro amigo era otra persona, y con su camarera pasaría diez días, que nunca podrá volver a olvidar, eran una sola persona, era perfecto, y al tener ella más problemas en casa que los normales, necesitaba ese hombro que siempre estuviese allí para consolarla.

Pero llegó el siguiente viernes, todo era igual, quizá el sol brillaba con más fuerza, pero la climatología iba a cambiar, se notaba en lo que picaba el sol para esa época del año, pero a ellos les daba lo mismo, así que el se fue a trabajar y ella, dijo que no iba a estudiar, se quedó en casa de él, no quería volver a casa, aunque realmente sabía que ella no era la mujer que nuestro amigo quería para si mismo. Tenía un cruce de pensamientos que discutían entre ellos, por eso, nuestro amigo le había regalado estos diez días en los que habían vivido como quinceañeros, disfrutando de un amor puro, o eso parecía.

La había hecho oficial presentándosela a sus amigos, se había convertido en uno más de ellos, y eso a ella le hizo olvidar lo que su mente creía, olvidando así a su ex-pareja. Entonces estaba muy contenta con su vida, había olvidado a ese peligro de "amigo" que tenía en anterioridad, y se sentía integrada en la vida que ahora tenía.

Ya no pagaba por ir a los conciertos, antes tampoco, pero antes se colaba y ahora la invitaban. Era la princesa azul en un cuento de hadas, y los amigos de él bromeaban diciéndole que había sido muy lista, y que no lo dejara escapar, y entre guiños a él le decían que si la dejaba escapar ahí iría alguno para consolarla. Ella se ruborizaba, pero en el fondo, nunca se había sentido mejor tratada, en un ambiente muy diferente al que ella estaba acostumbrada, que era de la academia al curro y del curro a casa, y si podía no ir a casa pues no iba.

Así ella lo presento, a la salida de la academia, a sus compañeros y compañeras de curso, el un poco cohibido, ya que todos eran menores que su "camarerita", y los que no eran menores, no eran tan maduros como ella, se sentía como el padre de todos ellos.

Al regresar a su casa, nuestro amigo se encontró un posit verde  con forma de flecha pegado en la puerta de la nevera, donde ponía cariño, me he ido a casa, esta tarde voy al médico. Él se asusto, y la llamo, pero ella le rechazaba las llamadas, y tampoco le contestaba a los mensaje, entonces él pensó, que se habría cansado de él, que los diez años de diferencia no los podía soportar durante más tiempo, o que quizá su ex-novio la había encontrado para pedir disculpas.

A él también le asaltaban las dudas, y cuando fue a recoger los calcetines limpios a la mesilla, ahí la vio, la carta, esa carta que le hizo pasar una noche de perros y pasar unos días inolvidables, con su camarerita, pero realmente, nuca podría olvidar a su amada, y aprovechando que su camarerita no estaría en la cafetería, ya que solo había pasado un viernes sin que él apareciese, decidió en aparecer.